EL CUARTO MOMENTO
Al final de los tiempos se revelarán los días postrímeros, que deben introducir la pasión del “iluminador” y las persecuciones que le acompañaron. Los días del ocaso terminarán con la “gran guerra”, un período de pruebas para todas las iglesias y creencias del mundo. Será la última oportunidad de conversión para la mayor parte de la Humanidad hipnotizada por los placeres de la materia. Este es el final de los tiempos.
La escatología
El lento proceso de liberación de la luz es obstaculizado y retrasado por la ignorancia de la Humanidad, que en gran parte sigue siendo adicta a la mezcla. Los hombres, en su mayoría, son psíquicos y materialista, y no toman los medios para “despertar” a la redención cósmica. Esta es la última época del mundo casi completamente dominado por la materia. El Kali Yuga en el hinduismo. Pese a las admoniciones que Jesús y los grandes profetas han dirigido a Adán, el género humano se multiplica y seguirá haciéndolo mientras psíquicos y materialistas no se obliguen a una abstinencia sexual, que traiga consigo el conocimiento y la definitiva liberación de la luz. Este mecanismo surge como una forma de redención mecánica para aquellos hombres incapaces de redimirse a través de la sabiduría. En ambos procesos de sublimación el alejamiento de la materia es el denominador común.
Cuando la conversión de la Humanidad se haya consumado, tendrá lugar el Juicio Final ante el tribunal de Jesús, erigido en el centro del Universo. Los seres ya salvados, los “electi” o elegidos, asistirán al juicio como ángeles, circundando a Cristo. Los creyentes, los meritorios catecúmenos, serán colocados a un lado de la silla del juez. Los pecadores, los “machos cabríos”, al otro lado y serán abandonados.
Después de un breve dominio de Jesús sobre la Humanidad salvada, éste y los elegidos, y después de ellos las deidades protectoras del Cosmos, abandonarán el Universo. El globo terrestre se derrumbará, y en un último acto expiatorio arderá durante mil cuatrocientos sesenta y ocho años, siendo después aniquilado. Las partes luminosas que todavía pueden ser salvadas, concentradas en el “gran pensamiento” (“la llamada” y “la respuesta”), se elevarán al Cielo en la figura de la “última columna”, mientras que los condenados y los demonios, la materia con su concupiscencia y separados sus sexos, volverán al abismo de donde salieron y cubiertos con una piedra gigantesca, quedarán sepultados1.
Sucederá entonces el último día perfecto en la Tierra. El cielo se tornará rojo cuando la semilla de nuestro planeta se haya agotado. «El Sol se convertirá en una estrella gigante roja, con una superficie visible tan alejada de su interior que la gravedad en su superficie será tan débil y su atmósfera se expandirá hacia el espacio como una especie de vendaval estelar 2. Cuando este Sol rubicundo e hinchado se haya convertido en un gigante rojo, envolverá y devorará a los planetas Mercurio y Venus, y probablemente también a la Tierra. El sistema solar interior residirá entonces dentro del Sol» 3. La Tierra estará cansada.
«El Sol se irá enrojeciendo e hinchando lentamente y presidirá una Tierra que estará abrasándose incluso en los polos. Los casquetes de hielo polar en el Ártico y en el Antártico se fundirán inundando las costas del mundo. Las altas temperaturas oceánicas liberarán más vapor de agua en el aire, aumentando la nebulosidad, protegiendo a la Tierra de la luz solar y aplazando un poco el final... Pero la evolución solar es inexorable. Llegará un momento en que los océanos entrarán en ebullición, la atmósfera se evaporará y se perderá en el espacio... y una catástrofe de proporciones inmensas e inimaginables asolará nuestro planeta. El Sol, en su agonía de muerte, pulsará lentamente, expandiéndose y contrayéndose en un período de unos cuantos milenios, hasta acabar escupiendo su atmósfera al espacio con forma de una o más cáscaras concéntricas de gas. El interior solar, caliente y sin protección, inundará la cáscara con luz ultravioleta induciendo una hermosa fluorescencia roja y azul que se extenderá más allá de la órbita de Plutón. El sistema solar se llenará entonces de un resplandor misterioso: será el fantasma del Sol viajando hacia el exterior» 4.
El Sol se habrá transformado finalmente en una nebulosa, marcando el fin de los tiempos sobre la Tierra. La Humanidad de entonces cogerá el último recuerdo del mundo antes de marchar definitivamente hacia algún sistema más joven y prometedor, donde habrá de evolucionar hacia otra forma de vida muy diferente.
El acto escatológico que cierra el drama cosmológico, el Cuarto Momento, consiste en el regreso de ambas sustancias a su estado originario. Es la restauración radical del Primer Momento. La Perfección es definitiva, pero la situación no es ya la misma. Las experiencias hechas en la mezcla han incapacitado a la materia de repetir su intento de agresión. La lucha entre el bien y el mal será coronada con el triunfo de la luz, pero no se resolverá sin peligro ni se consumirá sin sufrimiento, a expensas de una victoria divina total en el Universo.
1 [Para algunas escuelas, hay almas que por sus pecados han quedado desde un principio indisolublemente ligadas a las tinieblas y compartirán con la materia la eterna prisión].
2 En el sol o en cualquier otra estrella hay una cantidad limitada de hidrogeno combustible en su interior. Cuando el hidrógeno central haya reaccionado y formado helio, la zona de fusión del hidrógeno irá migrando hacia el exterior, formando una cáscara en expansión de reacciones termonucleares.
3 Cosmos, Carl Sagan, Editorial Planeta, Barcelona, España, 1987, p. 231.
4 Ibid. pp. 231 y 232.


