FILOSOFÍA DE LA PERFECCIÓN
“Es necesario desvincular al Vacío de cualquier concepción nihilista para asociarlo con la noción de plenitud, un campo que sostiene todos los objetos de la Realidad. Se le puede llamar: Gran Fuerza, me, maat, rita o rta, om, kha, Tao, śūnyatā, Uno, ciencia de la unidad, poder de poderes, energía creativa siempre rotante, poderosa y profunda, Camino Medio, Perfección de la Sabiduría, Ley Neutra, Destino e Inmortalidad… pero jamás con el vocablo Dios, Dieus o Dyaus”. C.C. Radovic.
A tal punto ha llegado el desconcierto en la reflexión con sentido profundo, que ya ni siquiera la filosofía es una materia obligatoria en la educación. Sin embargo, un país sin filosofía es un país sin pensamiento, carente de crítica constructiva, imposibilitado de llegar a la Verdad y fácilmente dominable. Un pueblo, un ciudadano o un Estado sin filosofía, peor aún, están destinados a hacer mal todas las cosas que requiere la sociedad para su evolución. En una época ideológica de “apagón cultural” resulta urgente superar los fundamentos pesimistas de la filosofía del siglo XX, sepultar su razonamiento para siempre, ya que nada bueno es posible para un Tercer Milenio si se sigue exaltando el materialismo, el existencialismo, el nihilismo, el dualismo y las guerra.
La Filosofía de la Perfección de la Sabiduría expresa un nuevo principio de razonamiento teórico y de identidad para mirar la Realidad, es decir, todo cuanto existe, facilitando el salto de la Conciencia hacia los campos superiores del espíritu humano. De ella depende la renovación conceptual de todas las agotadas estructuras culturales, ya que apunta a la esencia de la palabra, al logos con el cual creamos la Realidad.
La ciencia constituye un bien para el hombre, tal vez, el bien más preciado, porque sin ella no pueden existir otras libertades
“Nada puede ser creado de la nada”. Lucretius (1).
El logos, el verbo y la palabra, en estricto rigor, apenas sirven para hablar sobre origen del Universo. Las representaciones visuales poco ayudan. Ni siquiera la imaginación es muy útil. Por más que intentemos ir más allá, la primera dificultad que suscita el origen del Cosmos es la pretensión ingenua de abordar el vacío con nuestro lenguaje, y, de paso, la arrogancia de pretender definir el Absoluto. La primera y última respuesta verdadera a nuestro objeto de estudio es el silencio. Porque los conceptos, los ideogramas, el vocablo, así como la expresión, aparecen profundamente imperfectas para la tarea de describir el origen del Universo (t=0) y estatuir una visión aceptable sobre aquello por lo cual depende todo lo que existe (2).
La definición de un principio físico trasciende las posibilidades de las lenguas, aunque útiles, más parecen un obstáculo cuando intentamos expresar los fenómenos energéticos existentes en el comienzo. El lenguaje y el pensamiento dejan de ser un medio y un fin y comienza a ser un problema en el vacío, ya que crean dualidades ilusorias en un afán vano que termina eclipsando el objeto de estudio. Al analizar el vacío, el lenguaje y todo razonamiento humano carecen de utilidad, aunque no podemos sino pensar que es algo.
Gran parte de nuestro lenguaje oral y escrito es un despliegue de muchos niveles de significados, mas el conocimiento absoluto no puede ser comunicado por medio de palabras (3). Porque la palabra no es más que esto, a saber, un sonido procedente del choque de nuestro soplo con el aire, para declarar cualquier voluntad o pensamiento que el hombre pueda concebir, a partir de las impresiones sensibles. Es decir, un pequeño número de sílabas, cuya sustancia está completamente limitada y circunscrita.
Incursionar en las fronteras iniciales del universo parece una experiencia de la realidad totalmente ajena al intelecto, quizás un estado no ordinario de conciencia, más elevado, que podría ser un estado meditativo. Ninguno de nuestros pensamientos puede concebirle, ni lenguaje alguno puede bien definirle. Con referencia a Descartes, la substancia infinita de la cual apenas tenemos un criterio de certeza, propiamente, es inalcanzable. Algunos místicos insisten en que las vivencias trascendentales no pueden ser comunicadas verbalmente: «Las cestas de pescar se emplean para coger peces pero una vez conseguido el pez, el hombre se olvida de las cestas. Las trampas se emplean para atrapar liebres, pero una vez cogidas las liebres, los hombres se olvidan de las trampas. Las palabras se emplean para expresar ideas, pero una vez trasmitidas las ideas, los hombres olvidan las palabras» (4). Bhagwan Shree Rajneesh sostiene que es preciso dejar el lenguaje para penetrar en los niveles (meditativos) más profundos del ser y del existir (5). Ni siquiera la poesía, en su búsqueda de las profundidades del alma, es eficaz, si la creación del universo resulta ser como el eco de un tambor y el caos precosmogónico un ruido parásito. Henos en presencia de una crítica perspicaz a cualquier programa que pretenda opacar con vocablos limitados el objeto de nuestro estudio.
Comprenderé el reclamo de muchos aristotélicos y tomistas en su soberbio afán por definir a Dios con palabras y asimilarlas con el Absoluto. Este error no se presenta con el hecho de definir a Dios, tentación que muchos han cometido, sino con el interés de elevar su definición a lo Absoluto, expresar lo inexpresable. Si se quiere emplear un lenguaje próximo a la Filosofía Budista, cabría señalar que para los aristotélicos modernos Dios subsiste en los conceptos artribuidos a su esencia como el ídolo de un pensamiento materialista. El conflicto resultante no podría ser menos enconado si se considera que reducir el origen del Cosmos a cualquier lenguaje, pasa por un desconocimiento de los mismos principios de la Naturaleza y lo Real, sino ya constituye una blasfemia. Distinto es acercarse a los límites.
Por razones espitemológicas serviría decir que entre dos notas musicales -aunque como frecuencias son continuas- hay siempre un silencio que completa y da coherencia a las armonías, lo mismo que entre dos palabras hay un pequeño espacio, casi imperceptible; de modo que para sentir la música y percibir las ideas, resulta necesario estar atento a los silencios y espacios: porque cuando se fusionan se convierten en uno solo. Claro que es fácil marcar la diferencia entre dos palabras, pero no entre dos espacios o silencios. Para algunos devotos, el oficio superior significa vivir sin palabras o en forma no lingüística, concentrarse en el espacio entre las palabras para encontrar las señales divinas; y se entregan así al voto del silencio.
En este sentido, los antiguos indoeuropeos tenían en la transmisión oral una de sus notas características y, después del contacto con las civilizaciones del Cercano Oriente, la prohibición de utilizar el lenguaje escrito (6), hecho que testimoniaba un culto a lo sacro de una manera personal e interior. Por su parte, Platón aludía a la imposibilidad de la comunicación de ciertas doctrinas por medio del lenguaje escrito y mencionaba la superioridad del procedimiento oral (Carta VII, 340 b – 345 c; Fedro, 274 b – 278 e) (7). Albert Einstein solía decir que él no tenía sus pensamientos más importantes en forma de imágenes visuales ni de palabras, sino en forma de sensaciones y sentimientos. Es que mientras las palabras comunican principalmente conceptos, las vibraciones energéticas comunican mejor las emociones. El hecho de que la mente esté permanentemente verbalizando y estructurando conceptos, no asegura el desarrollo de la conciencia, al contrario, puede indicar una forma de huir del pensar, pues las palabras son como fotografías de la realidad, mas no la realidad misma. Si la mente puede transformar en palabras cualquier cosa existencial o entidad, como una flor o un hombre, entonces las palabras se transforman en una barrera para conocer la esencia de las cosas, una suerte de prisión donde se cree ordenar la vida.
Resulta fundamental reconocer las limitaciones impuestas por el lenguaje, la palabra y el razonamiento lógico, cuando abordamos el problema sobre el origen del universo. Hay que pensar que ningún hombre podrá nunca transcribir la esencia del mismo vacío precosmogónico, ni a través de ideogramas, jeroglíficos, ni por medio de la mística, ni por ecuación matemática alguna -como lo aspira el programa reduccionista de León Lederman proclive a la simbología numérica-. Quizás lo mejor es hablar del origen por analogía, algo así como decir que el Big Bang es a nosotros, como el cero es a los números, como el vacío es a las cosas, como el silencio es al sonido, o, como el negro es a los colores. Quizás en ello radica la percepción más profunda sobre lo divino, acaso, nuestra humilde forma de acercarse a sus fronteras. Al final, la última respuesta verdadera es el “silencio del Buda”.
1.-EL VACÍO
En el origen [y esto significa antes de lo conocido, antes de la producción de los fenómenos del Universo], vacío es el concepto correcto para referirnos a la energía que origina el universo físico. Aquello que existía antes del Big Bang, eso es el vacío, aunque físicamente no se sepa muy bien qué es (8). Su concepto tiene una connotación técnica que no es fácil de aclarar, pero constituye el término más preciso. La visión científica lo observa como un completo lleno de potencialidad, la principal fuente de energía en t=0, a partir del cual se generan las partículas materiales y la potencialidad de crear partículas con ilimitadas propiedades, con y sin masa, de tal manera que incluso se pueden generar muchos universos.
El vacío es la más potente forma energética que crea y destruye partículas materiales. El mismo debiera ser tan material, ponderable y mensurable como la luna o el hombre. Esto significa que incluso podría ser pesado y medido, resuelto en sus elementos constitutivos, calculado y expresado en una fórmula. En números, la energía del vacío debiera ser del orden de 70 veces más pequeña que la primera partícula física que podemos cuantificar en un acelerador de partículas. Otras estimaciones bordean magnitudes de 125 veces más pequeña que la más pequeña de las partículas conocidas. Para límites tan diminutos no hay una forma directa de medir dichas cantidades (9). El vacío, desde un criterio netamente einsteiniano, utilizando una métrica euclidiana donde las distancias (tiempo y espacio) son rígidas, vacío se asemejaría a un cuerpo rígido. Sin embargo, al mismo tiempo, ni la materia cuántica ni el vacío son rígidos ya que las vibraciones de los quarks en esos momentos son teóricamente infinitas, entonces, la materia debe ser menos densa y capaz de ninguna resistencia al movimiento.
La física clásica, la astrofísica, la química, métodos tales como el análisis de las ondas de radio, entre otros, están todos basados en la aserción acostumbrada a pensar que la materia es la misma en todas partes, y es verdad que la materia es la misma en todas partes, pero la materialidad es diferente. Los diferentes grados de materialidad dependen directamente de las propiedades de la energía (cuántica) del vacío en un punto dado, ya que la materia presupone siempre la existencia de una fuerza.
En el vacío hay una fuerza inmensa, llamémosla absoluta. De ahí que vacío físico y absoluto se asimilen: totalidad, unidad, independiente, porque, incluyendo todo en sí mismo el mismo no depende de nada. El estado donde toda la diversidad es una. Tal pleno energético significa independiente, ya que siendo todo, no puede dejar de ser indivisible e infinito.
Este estado de cosas donde el conjunto constituye un todo, es el estado primordial, fuera del cual por división y diferenciación surgen los fenómenos cósmicos, todos los cuales se manifiestan después del Big Bang (t=-43) (10). El Universo está hecho de vibraciones de energía en diferentes estados o “estados de la materia”, por lo que el espacio, el tiempo y el sujeto trascendental nunca reposan, nunca dejan de sintetizar.
En el mundo inmediatamente después del Big Bang, en el plasma inicial (t=+1), las vibraciones de las partículas son más lentas y la materia más densa. De ahí en adelante la materia es más densa y las vibraciones aún más lentas. En consecuencia, hablar de formas de materia “vulgar” en t=0 –si existe- o en t=-0 es erróneo. Es más exacto hablar de física de interacciones probabilísticas y de energía pura, pero no de materia como “rocas” o como se manifiesta en el momento actual de la evolución del Cosmos, donde sí observamos la presencia de una física elemental o química (11). La materia se formó a partir de la nucleosíntesis que ocurre 300 mil años luz después del Big Bang. La idea es que la materia de un plano superior, como la que supone el vacío, de ninguna manera es material para los planos inferiores (12). Entonces, resulta comprensible hablar físicamente de inmaterialidad, “energía espiritual” o una Metafísica del Vacío.
La física tradicional considera que la materia sólida es lo permanente, y, los cambios que intervienen en el estado de lo que es permanente se les llama manifestaciones de fuerza o energías. Estas fuerzas son vibraciones regulares de movimientos ondulatorios de los quarks, que van en todas direcciones, caótica pero organizadamente, entrecruzándose, chocando, fusionándose unos con otros... pero siempre sustentados por la estabilidad eterna del Primer Princicio (13).
1.1.-La plenitud del Vacío
El vacío, desde luego, no está vacío (14). Por el contrario, contiene un número ilimitado de partículas que nacen y se desvanecen incesantemente. En diversos experimentos en aceleradores de partículas se ha probado que las partículas (materiales y virtuales) pueden venir a la existencia espontáneamente del vacío y desvanecerse de nuevo en el vacío, sin que esté presente ningún nucleón ni otra partícula de interacción fuerte (15). Según la teoría de campo, sucesos de este tipo suceden todo el tiempo (16). En el siguiente diagrama de vacío se representa dicho proceso; tres partículas: un protón (p), un antiprotón () y un pión (π) se forman del vacío y desaparecen denuevo en el vacío.
Un diagrama del vacío

El vacío físico no es un estado de simple nada, sino que potencialmente contiene todas las formas del mundo de las partículas, es decir, es un pleno energético. Estas formas, a su vez, no son entidades físicas independientes, sino meras manifestaciones transitorias del vacío fundamental. Las cosas de este mundo, al ser manifestaciones fugaces del vacío, no poseen una identidad fundamental. La idea de una substancia material permanente que pasa por sucesivas experiencias es una ilusión.
Muchos físicos consideran el descubrimiento de la dinámica del vacío como uno de los hallazgos más importantes de la física moderna de altas energías, la que generó una radical revisión a la visión clásica y mecanicista del mundo basada en la idea de la existencia de unas partículas sólidas e indestructibles que se movían en el espacio. Las partículas pasaron a ser simples condensaciones locales del campo (17), concentraciones de energía, sin el carácter individual que le atribuía la física de Newton. «El campo existe siempre y en todos los lugares; nunca puede ser eliminado. Es quien transporta a todos los fenómenos materiales. Es el vacío del cual el protón crea mesones-pi. Tanto el aparecer como el desvanecerse de las partículas son sencillamente formas de movimiento del campo» (18). Esta transformación conceptual ocurrió a partir de la idea de Einstein de relacionar los campos gravitacionales con la geometría del espacio, y se acentuó más aún cuando la teoría cuántica y la teoría de la Relatividad fueron combinadas para describir los campos de fuerza de las partículas subatómicas. En estas teorías del campo, la distinción mecanicista entre las partículas y el espacio pierden su fuerza original y el vacío pasa a ser considerado como una entidad dinámica de la mayor importancia. Por primera vez se podía estudiar la fuerza sin ninguna referencia a los cuerpos materiales, léase: la teoría cuántica puede expresar satisfactoriamente el carácter atómico de las leyes integrales del espacio, sin determinar la localización de los elementos estipulados en la estructura atómica (19). Tanto la teoría del campo de la gravedad de Einstein como la teoría del campo cuántico demuestran que las partículas no pueden ser separadas del espacio que las rodea (20).
El atomismo de Demócrito y de Newton se basaba en el supuesto de que la materia y el espacio vacío –lo lleno y lo vacío- eran conceptos fundamentalmente distintos. En cambio, en la Relatividad General estos dos conceptos no pueden permanecer ya separados. En otras palabras, donde exista un cuerpo sólido, habrá también un campo gravitacional y este campo se manifestará como la curvatura del espacio que rodea dicho cuerpo: el espacio es el campo curvo (geodésico). Luego, la materia y el espacio son considerados como partes inseparables e interdependientes de una sólo conjunto. En palabras de Einstein: «La teoría no es atómica en sus fundamentos, pues en definitiva opera con funciones (de onda) continuas del espacio, al contrario de la mecánica clásica, cuyo elemento principal, el punto material, responde a la estructura de la materia» (21). Este es el resultado definitivo del principio de incertidumbre de Werner Heisenberg (22). Hablamos de un campo cuántico que puede tomar la forma de cuantos o partículas, capaz de describir todas las partículas subatómicas y sus interacciones, correspondiendo cada tipo de partícula a un campo diferente. El campo cuántico es considerado como un medio continuo que está presente en todas partes del espacio. Las partículas son simples condensaciones locales del campo, concentraciones de energía fluctuante, perdiendo así su carácter individual y disolviéndose en el campo subyacente. «Podemos por tanto considerar a la materia como constituidas por las regiones de espacio en las cuales el campo es extremadamente intenso. En este nuevo tipo de física no hay lugar para campo y materia, pues el campo es la única realidad» (23).
El físico Herman Weyl escribe: «Según la teoría del campo de materia, una partícula material tal como un electrón, es simplemente una pequeña zona de una campo eléctrico, dentro de la cual la fuerza del campo asume valores enormemente altos; indicando que una energía comparativamente muy grande está concentrada en un espacio muy pequeño. Tal nudo de energía, que de ningún modo se presenta claramente delineado contra el resto del campo, se propaga a través del espacio vacío como una onda de agua sobre la superficie de un lago; no existe una substancia de la que pueda decirse que el electrón está compuesto en todo momento» (24). A esta escala de observación subatómica, la realidad es como el fenómeno de una onda acuática, en la que el movimiento de las partículas de agua, ondulante en la extensión, nos hace pensar que una parte de agua se mueve sobre la superficie.
El vacío es verdaderamente un vacío vivo que pulsa constantemente con ritmos de creación y destrucción. Cuando uno conoce sus cualidades fundamentales se da cuenta que cualquier asociación con la nada es físcamente impropia. En otras palabras, al emplear términos como vacuidad y vacío, no nos referimos al vacío como ausencia de parámetros, sino por el contrario, como un vacío que posee un potencial creativo infinito, tan grande e inmenso que a partir de su campo emana nuestro universo.
1.2.-La Nada y Dios
Ciertas doctrinas racionalistas y creacionistas defienden la visión de acuerdo con la cual deben separarse dos fuentes de aproximación al origen: el vacío y la nada. La división entre estos conceptos es más un problema semántico del cual nos excluimos, pues pensamos que vacío conlleva la idea correcta sobre la energía que da origen al universo. Sólo en el siguiente sentido decir nada sería decir vacío, una semejanza debida a la limitación del lenguaje y que debiera acarrear al menos un mensaje de modestia de parte de muchos científicos y religiosos (25).
En la historia de la espiritualidad cristiana ha sido Dionisio Aeropagita (26) quien, con la mirada puesta en “la luz supradivina (…) que aún siendo causa de todo lo que es, ella misma no es nada, puesto que se halla más allá de todo modo y concepto” (27), ha dado la ocasión para designar a Dios mismo, decididamente, como la nada (28). De modo impactante Dionisio se lamenta de su desconocimiento y refuerza la imposibilidad de nombrarlo (29): Dios no es “ni tríada ni mónada”. Pero nada sale de la nada, ninguna imagen, esto es, aunque la nada tiene nombre y que, por tanto, por el solo hecho de proferir el nombre se entra en el lenguaje y se habla de ello, la nada no es efectivamente un algo grande, magnum quiddam.
Hombres de gran santidad y reverencia, por la necesidad que se tiene de comprender lo más lejano, han designado aquella energía desconocida con el nombre de Dios, o el Padre, o el Señor de todas las cosas. Pero ninguno de estos nombres puede definir con exactitud de lo que hablamos –en estricto rigor tampoco el vacío-, de tal manera que resulta prudente tener por sagrada tal potencia. Por ello es imposible que el origen mismo pueda ser designado por un solo nombre, ni siquiera uno compuesto por una multiplicidad de nombres: no tiene nombre o los tiene todos, ya que es uno y todo, de modo que por su nombre todas las cosas deben ser designadas o deben serle asignados los nombres de todas las cosas.
1.3.-El Vacío Absoluto
Indudablemente, al vacío absoluto no se puede llegar, como tampoco un meteoro puede llegar al sol sin quedar volatilizado, desaparecido antes de alcanzarlo. Mas resulta igualmente imposible no ser arrastrado por la corriente que todo lo lleva hacia él. La imposibilidad de alcanzarlo no es tanto una imposibilidad óntica sino ontológica.
Vacío es lo absoluto, eterno, inefable, innominable, incognoscible, increado, inengendrado, inmutable, inmanente; omnisciente, omnipresente; supraesencialidad inaccesible; singularidad inalcanzable; más allá de la esencia y de la substancia; inconcebible en lo conmensurable; literalmente, algo que forma parte de la esencia, en el sentido quod quid erat esse, lo que era antes de haber sido o haberse realizado.
Vacío es el principio necesario y fatal sin el cual carece de sentido hablar de cualquier cosa. Del modo más radical, ninguna imagen, ni luz, ni alma. No ente. No nada. Simplemente vacío. Ni siquiera llamarlo Dios puede serle atribuido (30). Sacramentum mundi, el misterio del Cosmos.
Más allá -llevando al límite a la ontología-, el vacío absoluto no puede pasar al infinito porque por infinito se presupone la ilimitada extensión de algo y la duración de eso que es algo. Es decir, si uno supone el infinito eterno, la unidad omnipresente, siendo en ella, volviéndose a través de la manifestación periódica un universo multicopista o una personalidad múltiple, la unidad dejaría de ser uno. Luego, el vacío está más allá. En lo profundo del principio de las cosas todo esfuerzo intelectual por aprehenderlo resulta estéril. El vacío es el plano donde descansan todas las manifestaciones, todas las verdaderas filosofías, cosmologías y cosmogonías.
1.4.-El Vacío en las grandes civilizaciones
El campo del vacío ha sido reconocido –con diferentes denominaciones– en todas las grandes civilizaciones que han marcado el curso de la historia del hombre. Finalmente lo ha descubierto Occidente. Su primera articulación se remonta a al India. La más profunda y remota forma de vivir de la antigua Cultura del Indo o cultura de Mohejo Daro, Harappa, etc., entiende la existencia de una biunidad ouránica divina gobernante, Varuna-Mitra, Dieus o Dyaus, que rinde culto a una “ley cósmica” concebida como neutra o “sagrado orden de las cosas”. En en aquella lejana época de esplendor de los textos védicos se opone al soberano universal una ley cósmica concebida como neutra y que al menos genéticamente es independiente de la biunidad gobernante. Nos referimos a la antigua doctrina del rita (lo verdadero, lo recto; la norma u orden divino) o rta (la Verdad viviente, que emana y opera directamente desde lo divino) quepervive en la historia del hombre y se va concibiendo cada vez en forma más impersonal. Se refiere a una creencia indoaria en una potencia cósmica, un orden superior a todo incluso a la biunidad soberana de Dieus o Dyaus y dioses menores; ley neutra omnipresente, más allá de la voluntad de los dioses soberanos por excelencia: la potencia cósmica del vacío se asimila y actúa como el destino para la India, que hace de lo manifiesto la única substancia cognoscible, dinámica e ilimitada.
La idea del vacío, que es la doctrina del rta de la Cultura del Valle del Indo, también está presente en las antiguas civilizaciones del mundo, en el mismo sentido: es el vocable me de los sumerios; el maat del Egipto antiguo; el asha del iranio zoroástrico; el tao de Lao Tze, y, el sunyata de Buda y Nagarjuna en la China del siglo VI a.C. En referencia a la mística cristiano del maestro Eckhart o de Dionisio Aeropagita, sería la identificación total entre Dios y la nada, es decir, perfección y plenitud; muy distinto es hacer creer que Dios saca algo de la nada. En sentido filosófico, pues, vacío es el destino, círculo primero, unidad más allá de la divina biunidad; lo eterno; la singularidad, de adonde todo procede y adonde todo retorna. Conceptos que surgen como referencia metafísica de la más poderosa potencia física y, en consecuencia, energía plena. Se asimila al Uno pitagórico en cuanto eterno indivisible, inefable, incognoscible, esencia más allá de la substancia, inconmensurable, y, la díada, su facultad generadora y reproductiva.
El vacío, pues, junto a la biunidad manifiesta ser y no-ser conforman una trinidad cósmica por excelencia: una especie de verdad universal presente entodas las grandes culturas de la Tierra (31).
Esquema de la trinidad
Vacío
Ser No-ser
¿Tiene el concepto de vacío alguna aplicación práctica que sirva para orientar el comportamiento de un hombre enfrentado a la síntesis de conocimientos? ¿Qué podemos aprender de tal trinidad como marco donde se desenvuelven las fuerzas del Universo?
(1) Lucretius, The Poem on Nature, tr. C.H. Sisson, Manchester: Carcanet New Press, 1976.
(2) Aunque desde épocas remotas al logos se le venera como la energía ordenadora del mundo y madre de los primeros textos, su campo de dominio pierde su utilidad strictu sensu en el origen.
(3) Cf. Capra, 1997.
(4) Chaung Tzu, 1971: cap.26, pp. 38-42.
(5) Bhagwan Shree Rajneesh, 1998: pp. 23-30.
(6) Cf. Eliade, Tomo I: p. 253.
(7) Cf. Montserrat, 1987: p. 18. Véase Platón: Carta VII, 340 b – 345 c; Fedro, 274 b – 278 e; República VI, 506 d – 507 a; Sofista 245 b-d; Timeo 48 c-e, 53 c-d.
(8) Por ejemplo, tampoco se sabe la respuesta a qué es el tiempo. Lo único real es que se puede medir con un reloj.
(9) Sobre argumentos teóricos para la medición de la enegía del vacío, véase Krauss, 2000, pp. 332-336.
(10) Cualquier substancia o materia dada experimenta grandes cambios de su misma naturaleza, independientemente de su lugar en el universo, es decir, evoluciona según la energía o fuerza que se manifiesta a través de ella. Por lo tanto, los conceptos de materia y energía no se toman como principios reales del universo en sí, sino como propiedades del mundo fenoménico que observamos. Científicamente, el principio del universo es el vacío.
(11) Sobre la distinción entre física primordial y física elemental véase mi tesis de Máster en Filosofía de la Ciencia, titulada “Una visión sincrética a la Teoría de la Gran Explosión Universal en el marco de la síntesis fe-razón”, Universidad Autónoma de Barcelona, febrero de 2002.
(12) En todo orden de materia a los quarks se les puede considerar simplemente como partículas infinitesimales de la materia dada, que son indivisibles sobre el plano dado. Hasta este instante constituyen una naturaleza incognoscible que trasciende hacia todos los planos de la materia posterior y, por tanto, físicamente causa de ella.
(13) Mientras no se construya un computador capaz de resolver el problema del confinamiento de los quarks conforme a los parámetros establecidos por la cromodinámica cuántica, no se podrá conocer la naturaleza de ellos.
(14) Cf. Krauss, 2000, pp. 39 y ss.
(15) Véase The World of Elementary Particles de Kenneth Ford, 1965.
(16) Cf. Capra, 1997, pp. 282-288.
(17) El campo (cuántico) es considerado como una entidad física fundamental: un medio continuo que está presente en todas partes del espacio. Un campo eléctrico es una particularidad del espacio que rodea a un cuerpo cargado eléctricamente, que producirá una fuerza sobre cualquier otra carga eléctrica que se halle en ese espacio (Faraday y Maxwell). De este modo, los campos eléctricos son creados por cuerpos cargados eléctricamente y sus efectos sólo podrán ser percibidos por otros cuerpos cargados eléctricmente.
(18) W. Thirring, Urbausteine der Materie, Almanach del Österreichschen Akademie der Wissenschaften, vol. 118, 1968, p. 159.
(19) Cf. ibid. p. 142.
(20) Cf. Capra, 1997, pp. 267-288.
(21) A. Einstein, Mi visión del mundo, Tusquets, Barcelona, 1997, p. 141.
(22) Cf. Heisenberg, 1963.
(23) Citado por M. Capek en The Philosophical Impact of Contemporary Physics, p. 319; y por Capra en el Tao de la Física, p. 272.
(24) H. Weyl, Philosophy of Mathematics and Natural Science, Princeton University Press, 1949, p. 171. Véase redes de interacciones virtuales en The World of Elementary Particles, Kenneth Ford.
(25) Véase redes de interacciones virtuales en The World of Elementary Particles, Kenneth Ford.
(26) De divinis nominibus (=DN) I, 2; De mystica theologia (=MT) I, 3; citado por Kurt Ruh, Geschichte der abendländischen Mystik. III: Die Mystik des deutschen Predigerordens und ihre Grundlegung durch die Hochscholastik, München 1996, pág. 28.
(27) DN I, 5; Suchla 26, 593C, 28.
(28) Cf. Alois M. Hass. Er, Revista de Filosofía 24/25: pp. 13-34.
(29) Cf. Cirlot. Er, Revista de Filosofía 24/25: pp. 35-48.
(30) Sobre doctrinas religiosas que asocian “el Dios único, el Padre, a lo absoluto”, véase Panikkar 1998, pp. 67-69.
(31) La jerarquía axiológica presentada como trinidad deriva de un análisis ecléctico y comparativo a partir de resúmenes vedistas, herméticos, pitagóricos, platónicos, valentinianos, aristotélicos, taoístas, gnósticos, judíos y cristianos; y tiene en atenta consideración la cohomología trinitaria de Roger Penrose, al Platón de la Metafísica aristotélica (Libro I, cap. 4) y a Filón de Alejandría, primer teólogo del judaísmo, quien sólo reconoce dos principios del mundo, a diferencia de los dos anteriores que postulan tres. Véase mi tesis de Tercer Grado, Universidad Autónoma de Barcelona, febrero, 2002.








