EL HUEVO CÓSMICO
¿Qué es ese punto brillante que parece imperceptible sobre el fondo negro del espacio vacío? ¿Es el Ser Puro en forma de Huevo del Mundo o acaso una elipse matemática, la única figura geométrica asimétrica? ¿Es éste el punzante y eterno misterio que queda en medio de pueblos que pasan y civilizaciones que se derrumban? ¿Tiene nuestro impresionante Cosmos una causa primera que lo explique o el origen no pasa de ser un acontecimiento más allá de toda imaginación sensata?
Estas son preguntas filosóficas de fondo. Nosotros sólo disponemos de aproximaciones. La razón es que las imágenes del Big Bang, en estricto rigor, son extrapolaciones que dejan de ser válidas antes de la Explosión, pues el concepto de espacio-tiempo cambia radicalmente cuando se roza el principio. Las cuatro dimensiones conocidas por todos (ancho, alto, largo y tiempo) son inciertas bajo las condiciones iniciales del universo, incluso las 10 u 11 que también pudiesen existir, sólo nacen al nacer el Cosmos.
1.-LA ELIPSE
A primera vista la proyección del espectro de radiación cósmica del Big Bang, fotografiado por el COBE, sin duda, muestra cierta sencillez atractiva. Su representación –aunque sumamente inexacta- no aparece como un círculo, sino como una elipse geométrica. Apenas así se deja ver.
La elipse es la más simple de las curvas planas si se exceptúan las rectas y circunferencias. Es posible definirla de muchos modos, pero quizá la más corriente forma sea la siguiente: una elipse es un lugar geométrico, la trayectoria de un punto que se mueve sobre un plano de manera tal que la suma de sus distancias a dos puntos fijos es constante (1). Los dos puntos fijos se llaman focos de la elipse y la recta que los une se llama eje mayor. Cuando los focos se van aproximado el uno al otro la elipse se hace menos excéntrica y, si se llegaran a confundir en un solo punto, se transformaría en una circunferencia. Por el contrario, si se separan los focos, la elongación de la elipse aumenta hasta degenerar, finalmente, en una recta (2).

La Elipse
A la elipse no se le había descubierto ninguna aplicación científica importante, hasta que Johannes Kepler en el siglo XVII determinó que las órbitas de los planetas tenían esa forma. La elipse aparece frecuentemente como la trayectoria de un objeto móvil que describe una órbita cerrada bajo la influencia de una fuerza central inversamente proporcional al cuadrado de la distancia. Los satélites y los planetas tienen órbitas elípticas, en donde uno de sus focos es el centro de gravedad del astro principal (3).
Aunque no es tan sencilla como la circunferencia, la elipse es la curva que se ve con más frecuencia en la vida cotidiana. La razón es que cualquier círculo observado oblicuamente parece elíptico. Además, todas las sombras no circulares proyectadas por los círculos y las esferas sobre una superficie plana son elipses, al igual que las sombras proyectadas sobre una propia esfera. Al inclinar un vaso de agua la superficie líquida adoptará un contorno elíptico. Una bola en reposo sobre una mesa lanza una sombra elíptica, que es la sección del cono de sombra que determina. La elipse perfecta se puede obtener cortando un cono inclinando ligeramente con respecto a la base. Cuanto más inclinado esté el plano más alargada resulta ser la elipse o, como dicen los matemáticos, tanto mayor es su excentricidad.
Es probable que nuestra propia búsqueda de la sencillez cósmica en el universo físico sea elíptica en este mismo sentido, una proyección de nuestra mentalidad simplista sobre un mundo exterior infinitamente complejo. También es posible que la elipse sea la sombra de una esfera o circunferencia perfecta. Si fuera así, el famoso número pi (3,1416...) guardaría escondido el misterio del origen del Cosmos. ¿Por qué un valor tan básico es tan irreal? (4)
Formación de una elipse sobre un plano a partir de un foco de luz

2.-EL HUEVO (5)
¿Qué es aquello que permanece quieto después de nacer? La elíptica constituye la forma más común que muestran los huevos o zigotos, quizás, su ejemplo más asombroso y sencillo. Desde el punto de vista biológico con excepción de los organismos unicelulares, las especies son el resultado de la unión de dos gametos que forman un zigoto, cigoto o huevo fertilizado, a partir del cual se desarrollan adultos complejos (6). El zigoto procede de la unión de un gameto femenino y uno masculino y siempre es diploide, ya que recibe genomas de ambos progenitores (7) (dos focos de la elipse). En el lenguaje médico el “huevo” aparece como sinónimo de “óvulo”.
En el homo sapiens, pues, se da el comienzo de una intrincada e imprevisible interrelación entre los procesos creativos de la evolución, que van de la mano de la extinción, caprichosa a veces. La vida a partir de un huevo no es ninguna aberración del universo, ni el hombre una aberración de la vida. Por el contrario, el Cosmos parece culminar en el hombre y resumirse en él. La culminación de un proceso macroevolutivo iniciado en el Big Bang (8). Somos la expresión suprema de la flecha vital de la evolución o, al menos, el resultado de una innovación evolutiva sin igual.
Los rasgos básicos de la creatividad cósmica y sus persistentes misterios se repiten en prácticamente toda la biota planetaria, lo que no garantiza la perfección del resultado.
Representacion popular sobre la concepción vedista de la Creación

Desde la perspectiva cosmogónica, El Mito del Huevo se encuentra atestiguado en Polinesia, es común en la India, Indonesia, Irán, Egipto, Grecia, Fenicia, Letonia, Estonia, Finlandia, entre los pangwe del África occidental, en la América Central y en la costa oeste de América del Sur. Pero el centro de difusión de este relato debe buscarse en la India o en Indonesia (9).
Llegados a este punto pensamos que es necesario disociar la noción de “mito” con las de “palabra” y “fábula” (10), para relacionarla con las nociones de “acción sagrada”, “gesto significativo” o “acontecimiento primordial” (11). Es mítico no sólo todo lo que se cuenta de ciertos acontecimientos que se desarrollaron y de personas que vivieron in illo tempore, sino todo los que está en una relación directa o indirecta con tales acontecimientos y con personajes primordiales.
La virtud ritual del huevo no se explica por una valorización empiricorracionalista del huevo considerado como “germen” o “semilla”, sino que encuentra su justificación en el símbolo (12) que encarna, que no se refiere tanto al nacimiento como a un re-nacimiento o resurrección, y que se puede asimilar a la postura defendida por el modelo cosmológico explosionista en cuanto auna concepción cíclica de universos sobre universos. La idea fundamental no es el “nacimiento” sino la repetición del nacimiento ejemplar del Cosmos. El huevo confirma y promueve la resurrección, que una vez más, no es un nacimiento sino un “retorno” o una “repetición”.
En cualquiera de los territorios geográficos anteriormente mencionados el huevo no pierde nunca su sentido principal: asegurar la repetición del acto de la Creación que dio nacimiento in illo tempore a las formas de vidas (13).
Representación popular sobre la concepción china antigua del universo (Milenio II a.C.)

Desde el punto de vista religioso, la imagen del huevo representa una epifanía de la Creación y un resumen de la cosmogonía, ya que muestra “el antepasado de todos los dioses” y al creador del universo metido “en su concha” en medio de las tinieblas desde la eternidad. “Su concha era semejante a un huevo que rueda por el espacio ilimitado”, donde permanece el gran alma en su pureza y quietud interna. La creación del universo a partir de un huevo es la función especial de un dios supremo por excelencia, que no retuvo eternamente su poder allí.
En Egipto, “Ptah formó un huevo de la rueda de su alfarero de la que la tierra fue sacada del cascarón”. El huevo dorado formado por Ptah se relaciona con el orbe del sol o círculo solar. En la misma mitología egipcia, Gelo, pintado como hombre con una cabeza de ganso con corona, produjo un Huevo Cósmico. Una asociación de la esencia del disco solar con la supremacía.
En China “P’an Ku es el progenitor del Cielo y la Tierra y, de toda vida y movimiento, tiene su ser”. P’an significa la cáscara de un huevo y Ku el afianzamiento sólido de aquello que sale del cascarón fuera del caos.
En Samoa se relata que “el dios supremo Tangaloa-Langi vivió en un huevo” que eventualmente se rompió en pedazos y vertió por un momento la cáscara mordida.
En Tahiti “el dios creador rompió la cáscara y creó el universo fuera del huevo”. Un mito fenicio dice que “el caos, fertilizado por el aliento divino produjo dos principios, varón y hembra, de donde vino un huevo”, que se rompió y constituyó el Cielo y la Tierra.
Representación popular del Ser Puro en forma de Huevo del Mundo del Budismo Tántrico

La representación del origen en cuanto elíptica, no sólo concuerda con la concepción budista tántrica del “Ser Puro” en forma de “Huevo del Mundo” y con visiones del Lejano Oriente, como la hindú, que proclama la formación lenta y gradual de los mundos a partir de un huevo, una fase compleja del proceso creativo donde radicaría la Sencillez Primordial. Desde el punto vista cristiano, el huevo garantiza la resurrección y la posibilidad de repetir el acto primordial. Si hablamos en lenguaje científico, la fluctuación cuántica inicial.
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El Huevo Cósmico expresa plástica y dramáticamente lo que la ciencia define racionalmente. Sorprende el paralelo entre representaciones como el Huevo Cosmogónico de la religión, el Huevo Cósmico de la ciencia y la elipse matemática. Los dos focos de la elipse concuerdan con el rasgo diploide de los zigotos, y en un sentido filosófico, con el simbolismo del Ying-Yang o la biunidad. Constituyen visiones que se aproximan a un mismo concepto y en el mismo sentido.
Dadas tales observaciones pareciese comprensivo sostener que la teología sirve de modelo a la cosmología, un fenómeno espistemológico que podría justificar la conformación de una nueva antropogonía, dispuesta a mostrar inequivocamente que la creación del hombre imita y repite la creación del Cosmos. Volvemos a probar la existencia de un leit motiv o una idea recurrente entre la ciencia occidental y la religión oriental.
(2) A este respecto no hay mejor ejemplo que el estudio de los antiguos griegos sobre las curvas de segundo grado no circulares. Las otras curvas de segundo grado son la parábola y la hipérbola. Apolonio de Pérgamo, geómetra griego del siglo III a. C. fue el autor del más importante tratado antiguo dedicado a estas curvas, titulado Las Cónicas.
(3) En cámaras de eco de forma esferoide elipsoidal –como en Estados Unidos la cámara de eco más famosa es el Statuary Hall del Capitolio, en Washington D.C.; y en Londres la cúpula de St. Paul tiene similares características–, sonidos débiles generados en uno de los focos pueden escucharse claramente en el otro foco.
(4) Pi (3,1415...) es un número irreal, equivalente a la proporción que tiene el radio con respecto de toda circunferencia.
(5) El “huevo” es otro concepto que puede ser entendido como un punto de encuentro entre ciencia y religión según la IL. Véase mi tesis de 1993.
(7) Tanto la fecundación haploide como la diploide procede de un huevo. La partenogénesis es haploide, es decir, se desarrollo a partir de un óvulo sin fecundar (caso de los anfibios).







