REVISIONISMO HISTÓRICO
CASO 1:
UN PROTECTORADO ECONOMICO DE LOS ESTADOS UNIDOS
Dentro del capitalismo raramente los países ricos ayudan a los pobres, más a menudo los explotan. Eso no lo hacen tanto directamente sino a través de todo tipo de relaciones de intercambio que les garantiza mantener la desigualdad. Así se ha impuesto el poder al resto del mundo, en especial a las naciones que viven bajo controles directo como Chile, un país que en las últimas tres décadas se ha transformado en Un Protectorado Económico de los Estados Unidos.
La misión de los Estados Unidos
Los Estados Unidos –junto a Canadá y Australia– constituyen la proyección natural de Europa y el máximo referente de la sociedad capitalista. Nadie pone en duda de que juegan un papel preponderante en los destinos del mundo. Capacidad les sobra para actuar de manera coercitiva si lo estiman necesario, a veces, como una tapa que aprieta una olla a presión. Su desarrollo científico sumado al continuo crecimiento de la riqueza económica los ha llevado a disfrutar de una condición dominante en todo orden de cosas a escala mundial. Un poder basado en la visión del Universo a que han llegado y en el dominio de las fuerzas de la Naturaleza. Una hegemonía sustentada en aplicar al pie de la letra las políticas económicas de la Revolución Industrial y en desarrollar al máximo la investigación en ciencia y tecnología, pilares de un poder bélico incontrarrestable que les ha permitido controlar los cielos y gozar de una capacidad para actuar libremente en la diplomacia internacional. Con una mano han logrado penetrar hasta la última energía dentro de los átomos y con la otra han estimulado las facultades de la mente humana hasta los más altos niveles de la ficción y la fantasía. Nunca antes una civilización había logrado construir una imagen del Universo y de nuestra posición en él como la de los Estados Unidos.
El desarrollo estadounidense les ha permitido concebir una Política Exterior propia de un imperio, similar a la de Inglaterra del siglo XIX 1. De ahí que muchos de sus Presidentes pasaran a actuar como autócratas frente a los ojos del mundo. Como la Roma de Calígula o la Rusia de Iván “el Terrible”, los Estados Unidos de los Bush se dibujan en la memoria como un imperio universalista en la cima más alta de su poder. Su arrogancia constituye –como lo observó Montesquiev para el mundo de su época– una señal más de la ruina de la sociedad capitalista, en cuanto se fragmentaron los principios de libertad, igualdad y flexibilidad en que se fundara su Constitución. Así ha emergido un brillante Estado de desigualdades sociales insalvables, el país más rico de la Tierra y en donde viven 45 millones de pobres, que ha llevado al resto de naciones bajo su influencia a los portales de un premio sin medida y de una catástrofe global.
El carácter de los Estados Unidos 2
Para el estadounidense la realidad se reduce a lo percibido por los sentidos. Todo es posible gracias al dominio de leyes sociológicas construidas sobre bases físicas. Un nominalismo puro en cuanto considera que lo real es lo material, lo corpóreo, lo inmanente, el único ser posible. Lo observable representa la única explicación de la existencia.
El temple estadounidense se ha obscurecido por la adoración a lo estrictamente material, exaltando la corporeidad de los entes, la glorificación de la materia. El amor en el sentido de sacrificio o la generosidad en pro de una sociedad más perfecta son poco comprensibles. La misma democracia ha terminado siendo una especie de estado feliz relacionado con la satisfacción máxima de los sentidos, según la fórmula: cuánto ganas es cuánto vales. La economía determina las amistades.
El individuo se ha atomizado en sus relaciones de producción como nunca antes. Los vínculos familiares se disgregan. El apego al hogar paterno es poco firme cuando no es necesaria la dependencia económica. En su reemplazo, el sentimiento de solidaridad familiar es asumido por las empresas. Para nadie es sorpresa que desde el 2005 el 85 por ciento de las familias estadounidenses estén compuestas por dos personas.
Como todo carácter el de los Estados Unidos muestra contradicciones. Por un lado son prósperos, atractivos, proactivos, seductores e inclinados a todo lo que se pueda traducir en goce. Por otro lado son puritanos, represores e intolerantes con el pretexto de civilizar; se menosprecia a la gente de color y a los millones que fracasan en la conquista del dinero, estigma que considera a la pobreza como un castigo por estar mal con Dios.
El estadounidense es un sistema biológico cerrado. Su realidad no volverá a plasmarse en el Universo porque la materia no se repite. Esto significa que cada una de las facetas de la personalidad es un fin independiente, atómico. De ahí la importancia de la historicidad, en cuanto cada individuo asume una parte única de la materia, condenada a morir, pero irrepetible, una vida pasajera que se acaba cuando perece el cuerpo haciéndose invisible para siempre la presencia que se representó. Un talante que difícilmente concibe un “más allá” trascendente, una vida venidera, pero que a la vez explica la inviolabilidad de los derechos, la hipermoralidad, el ultranacionalismo, los decretos de la Declaración de la Independencia de 1776, el egoísmo y la vanidad. Nada tiene que inhibir la afirmación total del ego, del “yo soy”, y el deseo, motor de todas las acciones, desmedido en muchas ocasiones. Un modo de ser que intenta usurpar el trono de la omnipotencia de Dios y que sucumbe a las tentaciones y seducciones del demonio. El ser humano en su máximo apego a la materia. La obesidad mórbida convertida en una pandemia
El estadounidense considera a su destino histórico como superior a cualquier otro destino. En este sentido, el imperialismo surge como la lógica explotación de los países bajo su dominio. Un derecho natural del máximo exponente de la sociedad capitalista, estructurado sobre las bases de su Política Exterior.
LA POLÍTICA EXTERIOR DE LOS ESTADOS UNIDOS
La Política Exterior de los Estados Unidos posee una triple dimensión. Primero constituye una proyección internacional de un modelo interno de desarrollo político y económico; en segundo lugar, consiste en una permanente adaptación a un contexto internacional de suyo cambiante; y, en tercer término, es la señal más clara del carácter de la nación. Su particularidad radica en una supremacía militar sustentada sobre la base de la Fuerza Aérea, que le ha permitido transformarse en un árbitro internacional, definiendo, aplicando e interpretando las reglas de la diplomacia. Para ello cuentan con un sentimiento de poderío sin límites, una confianza merecida en su capacidad industrial, un nacionalismo arrogante de proyección universalista y una Constitución dúctil que permite el funcionamiento del gobierno sin tropiezos, entregando un marco estable para las instituciones –públicas y privadas– y flexibilidad para el cambio, garantía del éxito global.
Estructuralmente la política de Relaciones Exteriores se compone de un objetivo primordial, cuatro bases, tres imperativos y una estrategia:
El objetivo primordial
El objetivo primordial de la Política de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos es la “hegemonía mundial”. Este objetivo supone un importante aspecto subjetivo que dice relación con la creencia en que la Providencia les ha atribuido una misión privilegiada en la evolución de la especie humana, a saber: el deber moral del pueblo más adelantado del planeta de llevar a la civilización al resto de los pueblos subdesarrollados. En consecuencia, la hegemonía mundial también se articula como una “conquista global”.
El objetivo primordial exige una gran responsabilidad. De ahí que el eje angular de su desarrollo interno sea la unión entre la educación y el patriotismo, la matriz del ser de la potencia mundial. Una razón suficiente para hacer prevalecer los intereses estadounidenses en el mundo entero, ya sea por medio de la flexibilidad diplomática, las amenazas y, si es necesario, la insolencia, estando dispuestos a intervenir como administrador del equilibrio internacional donde sea.
Las bases
Cuatro son las bases para materializar la “hegemonía mundial”:
1.-El dominio de los aires. La fuerza aérea constituye la fuente primera del actuar libre en política, un mérito que desentraña la esencia del Estado moderno.
2.-El imperio del comercio. Los Estados Unidos dan prioridad exclusiva a sus intereses económicos en el comercio, la empresa o el negocio, guiándose por el clásico principio de la “puerta abierta” o librecomercio de bienes y servicios; dos conceptos para denominar de manera más amigable el capitalismo de Adam Smith y David Ricardo.
Actualmente los Estados Unidos tienen sus ojos puestos en tres nuevas áreas de desarrollo, cuyas industrias aseguran ganancias inmensas para sus inversionistas así como la consolidación de una hegemonía comercial basada en la Tecnologías de la Información, a saber: la biotecnología, la nanotecnología y la robótica. Por ejemplo, la biotecnología y la biogenética están confeccionando alimentos transgénicos y remedios para enfermedades incurables como el cáncer, respectivamente; la nanotecnología se encuentra abocada en la perfección de materiales de construcción comunes, como la cerámica irrompible o metales ultralivianos; en tanto, la robótica ha logrado impresionantes éxitos en la miniaturización de sistemas computacionales y en la automatización de los procesos industriales. El concepto de los nuevos productos comerciales es: “cero defecto”.
3.-La diplomacia de la presencia y del no compromiso. A los Estados Unidos no le interesa el poder político de los pueblos que controla, pero sí el económico, que le permite usarlos en función de consolidar su riqueza y de todo tipo de actividad destinada a perpetuar su supremacía en el mundo como el caso del financiamiento de sus guerras.
4.-La extensión del imperio. Esto implica actuar militarmente cuando la intervención económica corre peligro o no se puede consolidar por la vía diplomática.
Los imperativos
La doctrina de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos contempla cuatro imperativos diplomáticos para lograr el objetivo primordial:
1.-Mantener el equilibrio político al interior de los cinco continentes, impidiendo a toda potencia competidora arrogarse un papel privilegiado en el orden internacional que pretenda amenazar la hegemonía de los Estados Unidos.
2.-Intervenir constante y prudentemente en los asuntos internacionales para prevenir o corregir cualquier riesgo de desequilibrio a favor de alguna potencia que amenace su poder.
3.-Proteger a la clientela comercial de Estados Unidos en cualquier rincón del mundo.
4.-No vincularse nunca a un compromiso político duradero. Este es uno de los imperativos más clásicos de los grandes imperios. No es otra cosa que una mirada hacia el orgullo nacional, que es donde se encuentran los mejores ejemplos en todos los campos del ser humano y que lleva a tener una fidelidad sólo con su propio pueblo y raza: los elegidos por el destino para conducir las riendas del mundo.
La estrategia
La estrategia diplomática de la Política Exterior estadounidense combina la mortal arrogancia del poder de las armas, la inteligencia de la mente y la confianza suprema en lo calculable de la realidad, mezcla que se ha convertido en el eje del proceso de formulación de sus decisiones. Para cumplir con el propósito de una “conquista global” han demostrado no necesitar hechos ni información, tienen las armas, una teoría y todos los datos que no encajan son negados o ignorados.
El hábito sistemático de la mentira en la Política Exterior de los Estados Unidos es una práctica común. Detrás de esta estrategia subyace el obsesionante miedo al impacto de una derrota, no sobre el bienestar de la nación, sino en la reputación internacional de su gobierno y de su Presidente. Una sola prueba de ello son los famosos Documentos del Pentágono –47 volúmenes de la Historia del Proceso de Formulación de Decisiones de los Estados Unidos acerca de la Política del Vietnam, escritos a petición del Secretario de Defensa, Robert McNamara, entre 1967 y 1969–. “Constituyen notas esenciales de la falsedad y de la mentira deliberada. Pero el punto crucial no es simplemente que esa política de mentiras estuviera orientada hacia el enemigo, sino que se hallaba destinada principalmente para el consumo doméstico, para la propaganda en el interior del país y especialmente formulada para engañar al Congreso –sentenciaba Hanna Aredt en Crisis de la República–. Esta es una de las lecciones que cabe extraer de los experimentos totalitarios y de la aterradora confianza que sus líderes sienten en el poder de la mentira; en su habilidad, por ejemplo, para rescribir la Historia una y otra vez, con el objeto de adaptar el pasado a la línea política del momento presente o para eliminar datos que no encajan con su ideología”.
La Política Exterior de los Estados Unidos les permite ejercer una hegemonía disfrazada sobre una gran parte del mundo, pero sin los riesgos gravosos de un coloniaje a la europea. Prefieren el comercio a las posesiones. De ahí que privilegien los intereses económicos en la mayoría de los países posibles, ejerciendo una presión política indirecta que equivale a no asumir las obligaciones ni los gastos de una soberanía presencial. Sustituyen un dominio directo por los protectorados económicos indirectos a modo de colonias comerciales. El caso de Chile.
LA INFLUENCIA DE LOS ESTADOS UNIDOS EN CHILE
Después de la Segunda Guerra Mundial surgieron dos grandes potencias vencedoras que se arrogaron el derecho de gobernar el mundo para sí mismas. Los Estados Unidos de Norteamérica y la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, junto a sus temibles policías secretas, la CIA y la KGB, respectivamente, provocaron un conflicto que se prolongó desde 1945 hasta la caída del Muro del Berlín en 1989, la Guerra Fría. Durante ese período el mundo se dividió en dos poderosos bloques que buscaron la hegemonía mundial incansablemente: el capitalismo y el comunismo, ideologías que invadieron la política interna del resto de países de la Tierra con el argumento de conquistar de nuevos mercados para sus imperios. Basta citar los conflictos de Corea (1950-1953), Berlín (1948-1961), China (1949), El Congo (1960), Vietnam (1962-1975), Afganistán (1979-1985), la Crisis de los Misiles (1962) y Chile (1973).
La Guerra Fría se coronó con el triunfo del capitalismo, pero no se resolvió sin dolor ni muerte, a expensas de una victoria final. Los vencedores fueron incapaces de administrar bien su triunfo, ya que no impulsaron medidas eficaces para reordenar el Este europeo, lo que motivó el regreso a la política de las antiguas estructuras comunistas. Tampoco lograron controlar la corrupción de la democracia en grados insondables, una causa relevante de la despolitización de la sociedad y de la anomia electoral de las nuevas generaciones. Igualmente se impuso la creencia de que la democracia es la única opción de gobierno posible y el capitalismo el único modelo económico capaz de dar una respuesta a los anhelos de igualdad.
Chile tampoco pudo mantenerse al margen de la Guerra Fría. Los acontecimientos que sucedieron a partir del 11 de septiembre de 1973 se enmarcaron dentro del contexto global de lucha entre el capitalismo y el comunismo.
El ataque de las Fuerzas Armadas contra el Palacio de La Moneda no sólo marcó el término de la acción imperialista de la Unión Soviética en Chile, sino también el inicio del triunfo del capitalismo. Aquel día se desmoronó el experimento leninista encabezado por el gobierno del Presidente Salvador Allende –la llamada vía voluntarista– que pretendía adelantar, al más puro estilo cubano de Fidel Castro, la “revolución” e instaurar la “utopía comunista” antes de que el capitalismo llegara a su pleno desarrollo. Se buscó imponer por la fuerza una serie de severas reformas estatizantes, como: una economía centralizada, un régimen político de partido único, el fin de la propiedad privada y la restricción de un sinnúmero de libertades. Resulta conveniente recordar que la Revolución Comunista iniciada en 1917 venía provocando más muertes que las dos Guerras Mundiales: en China 65 millones de muertos, en la Unión Soviética 20 millones, en Corea del Norte 2 millones, en Europa del Este un millón, y, en Iberoamérica 150 mil. De éstos últimos, no menos de tres mil desaparecieron en Chile.
Producto de la asunción al poder de una Junta de Gobierno de las Fuerzas Armadas liderada por el Ejército, Chile adoptó el modelo ideológico de Estados Unidos que puso a la economía capitalista como motor del desarrollo y al consumo como el máximo referente para medir el bienestar de la sociedad. La autoridad militar no hizo mucho más que replicar un esquema que era una copia mejorada del modelo británico de conquista mundial basada en el comercio. A partir del 11 de septiembre de 1973 el país pasó a estar bajo la influencia directa de los Estados Unidos como muchas otras naciones, mientras que la Unión Soviética, derrotada y humillada, comenzaba a vislumbrar en el horizonte su ocaso final.
Con el paso de los años ha quedado claro que el golpe de Estado o pronunciamiento militar no constituyó exclusivamente un conflicto interno, sino el resultado de una lucha global por el control del mundo. Un acontecimiento que provocó profundas heridas en el alma de la patria y que permitió transformar a Chile en un protectorado económico de los Estados Unidos, esto es, una república tributaria.
¿QUÉ SIGNIFICA SER UN PROTECTORADO ECONÓMICO?
El control de un imperio como los Estados Unidos en la administración de sus protectorados siempre ha sido de manera directa, pero adoptando distintas formas. Pueden darse casos de protectorados cuya actividad se ve centralizada directamente, y otros, como el “indirect rule”, en donde el control pasa por un filtro burocrático que busca encubrir la acción imperial. Precisamente este modelo se implementó en Chile. Una serie de profundos cambios estructurales del Estado dispuestos por los Estados Unidos, ya que los protectorados representan el grado máximo de dependencia política dentro de un mundo en guerra.
Aspectos económicos y sociales
Las graves dificultades económicas y la alta inflación en que quedó Chile después del gobierno de Salvador Allende, fueron resueltas por los Chicago Boys: un grupo de unos veinticinco economistas chilenos que realizaron un postgrado en la Universidad de Chicago durante la década de 1960. Durante los años de su perfeccionamiento aprendieron los principios del profesor Milton Friedman, Premio Nobel de Economía en 1976, que en general postulaba más espacio de decisión a las personas y menos al Estado. Doctrinalmente su ideas eran una actualización de las pautas clásicas de los padres del capitalismo, Adam Smith y David Ricardo, con ciertas influencias de John Maynard Keynes, del mercantilismo y de la racionalización del trabajo de Manchester. Estos fueron los maestros y aquellos los artífices de las reformas económicas y sociales implantadas durante la primera etapa del régimen militar.
Al asumir las funciones de gobierno, los Chicago Boys aplicaron una inmediata política de shock: la reducción del gasto fiscal, la reestructuración del aparato estatal y un control estricto de la gestión presupuestaria. Después emprendieron una reforma tributaria, una reforma laboral y una desregulación de los controles estatizantes en todos los sectores de la economía, principalmente en la agricultura, así como la liberalización de los aranceles, el cambio fijo del peso con respecto al dólar, y el libre ingreso de inversiones y divisas extranjeras. En la etapa siguiente implementaron la reforma de la seguridad social y un programa de privatizaciones de empresas del Estado que antes pertenecían a la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). Finalmente impulsaron la reprivatización de los bancos después de la crisis económica de 1982. A toda esta gestión Milton Friedman la denominó como el “milagro chileno”.
El programa de privatizaciones fue clave para transformar a Chile en un protectorado, ya que el gran peso de la economía pasó del Estado a las manos de unos 300 a 400 hombres ligados de alguna forma a la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago. Una red que comenzó a manejar católicamente la economía interna en acuerdo con las normas emanadas desde los Estados Unidos.
De esta manera el triunfo de la mentalidad capitalista, formal e informal, fue relativamente fácil, y, apoyado por las circunstancias excepcionales que afectaban al país, no dejaría de crecer nunca más. Basta recordar el discurso antimarxista de la Junta de Gobierno, la política de los decretos de ley, la restricción de la libertad de prensa, los estados de excepción, los toques de queda, la persecución política, las detenciones, las desapariciones, la tortura y la exaltación del discurso en favor de la economía de libremercado, de puertas abiertas o social de mercado, tres nombres amigables para el mismo capitalismo. Desde el 11 de septiembre de 1973 el capitalismo progresó en Chile de manera sistemática pero pausada, lo que permitió amortiguar alguna reacción en su contra.
Aspecto político
El gobierno militar debió asumir
el sistema democrático estadounidense e implantarlo constitucionalmente de la siguiente manera: la autoridad política quedaba en las manos de un Presidente con amplias facultades que actuaba ayudado por las políticas económicas emanadas de los Estados Unidos, siendo éstas una carta de navegación inquebrantable para el protectorado. Además, se decidió reconocerle su personalidad jurídica, un congreso bicameral y un autogobierno responsable, pero se le restringieron sus prerrogativas exteriores, la compra de armas y se le asignó un embajador fuerte que actuaba como representante directo del Presidente de los Estados Unidos. El mecanismo que implica la burocracia capitalista selló el control administrativo de Chile por parte de los Estados Unidos, sin asumir los costos y riesgos de una ocupación formal.
De este modo se aseguró la principal función del nuevo protectorado: entregar recursos económicos para que el imperio consolide su poder y extienda su hegemonía. A cambio, los Estados Unidos comenzó a proporcionar un sinnúmero de adelantos tecnológicos que habrían de potenciar a un Estado que estuvo a horas de caer en el retroceso del comunismo leninista.
Una nación transformada en protectorado es incapaz de emprender cualquier acto de independencia. Por regla general, el país termina siendo asimilado por el imperio. ¿Por qué ocurre esto? Sucede que a un protectorado sólo se le reconoce parcialmente su singularidad, ya que la acción directa de una potencia imperial supone una dependencia férrea, aunque disimulada. Este tipo de dominio fue aplicado antes por Inglaterra a naciones que con anterioridad habían sido países independientes con relaciones internacionales, como es el caso de Malasia en Asia y Sierra Leona en África. La administración silenciosa y encubierta se superpone a las antiguas instituciones autóctonas, que sólo son reconocidas y mantenidas para no gastar recursos en un dominio presencial. En el modelo de protectorado que comenzó a representar Chile, lo que en realidad subsiste es la ficción de un Estado soberano.
EL CASO LETELIER COMO PRUEBA DE LA TRANSFORMACIÓN EN PROTECTORADO

¿Por qué revisar el Caso Letelier? ¿Hasta qué punto se puede manipular la memoria de un protectorado económico? ¿Acaso la historia ha juzgado lo ocurrido? ¿Qué gana el alma de un pueblo cuando recupera la verdad de un hecho tan emblemático? ¿Qué pierde cuando permite que se mienta tanto?
El Caso Letelier prueba el tremendo poder de los Estados Unidos en sus objetivos estratégicos en Sudamérica. También ayuda a comprender mejor el significado del 11 de septiembre de 1973, un trabajo que el historiador aún no ha realizado. Los acontecimientos que rodearon el asesinato del ex Canciller de la Unidad Popular, Orlando Letelier, y de la ciudadana estadounidense, Rony Moffit, perpetrado en Washington, Estados Unidos, el 21 de septiembre de 1976, revelan la frialdad de las policías secretas en el cumplimiento de sus objetivos estratégicos dentro del contexto de la Guerra Fría. Además, constituyen una prueba incuestionable de la transformación de Chile en protectorado económico.
Las fuentes para esta revisión histórica fueron los interminables expedientes de los procesos llevados a cabo en Chile y Estados Unidos, documentos clasificados de inteligencia y ocho entrevistas en profundidad realizadas entre 1994 y 2000 en Chile, entonces, un país en plena transición a la democracia y agitado por un juicio político en contra de las Fuerzas Armadas alentado desde los medios de comunicación 3. La larga lista de las fuentes finalizaba con el general Augusto Pinochet, ex Presidente de la Junta de Gobierno, ex Presidente de la República y senador vitalicio en ese momento, un hombre clave dentro del intrincado caso.
Tras largos meses intentando concertar una entrevista se me dio la oportunidad de hablar con él. Uno de sus asesores me citó al despacho de Pinochet en el Senado de Valparaíso. Después de esperar media hora finalmente me dijo: “Ahí viene el general”. El firme paso de Augusto Pinochet caminando por los pasillos del Congreso trajo consigo a un hombre de Estado en la plenitud de la vida, irradiando el esplendor de la victoria final sobre la memoria de los pueblos. Vestía un terno azul, camisa blanca y unos zapatos negros. Antes de intentar iniciar el diálogo me miró y dijo con voz de autoridad: “Usted quiere saber del asesinato de Letelier. Cuando regrese de Inglaterra le concedo una entrevista”. Luego se dio media vuelta y se marchó. Esa fue la última vez que lo vi en persona, nunca se concretó nuestra conversación y, como todo el mundo sabe, su viaje a Inglaterra constituyó en el inicio de su caída final.
La revisión del proceso
La sentencia final dictada por el Tercera Sala de la Corte Suprema de Justicia en 1995, condenó como autores intelectuales del atentado explosivo contra Orlando Letelier al general de Ejército, Manuel Contreras, y al brigadier, Pedro Espinoza, directores de la DINA en 1976 4. Los autores materiales fueron dos cubanos nacionalistas, Virgilio Paz y Dionisio Suárez, y un temible espía de la CIA llamado Michael Townley, el único autor material confeso del asesinato, conocido en el submundo del espionaje como “la sombra del director”.
Los jueces de la Tercera Sala dictaron una sentencia final de acuerdo a lo que ellos pensaban sobre la apreciación de pruebas, que era el punto que causaba más preocupación. La apreciación de pruebas se limitaba a presunciones que dependen mucho del criterio del juez, en cuanto unas y otras se conectan en forma coordinada con hechos reales que hacen llegar a una conclusión lógica. Ese fue el trabajo de elaboración intelectual que hicieron.
El diputado Juan Pablo Letelier, hijo del ex Canciller, se declaró satisfecho con la sentencia: “A nosotros lo que nos interesa como familia es que se sepa la verdad. A mí no me cabe la menor duda de que los principales autores intelectuales demostrables del asesinato de mi padre, hasta ahora, son Manuel Contreras y Pedro Espinoza. Es la verdad la que nos ha llevado hasta acá. Si se pudiera demostrar que hubo otros autores intelectuales espero que existan los instrumentos judiciales para poder sancionar a esas personas”.
Sin embargo, después de más de tres décadas se puede llegar a la conclusión que los verdaderos autores intelectuales del asesinato del ex Canciller de la Unidad Popular y de la ciudadana estadounidense, Rony Moffit, son otros. Esta parte desconocida de la verdad no exculpa a los ex jefes de la DINA de su participación en las violaciones a los derechos humanos ni en los trágicos sucesos que marcaron el período dictatorial del general Augusto Pinochet.
La CIA en Chile
La historia sobre el autor intelectual del asesinato de Letelier comenzó a fraguarse en las sombras de un mundo dividido por la Guerra Fría. El ex Presidente, Salvador Allende, solía decir que Chile era un “Vietnam silencioso” en 1973. Dentro del contexto de la bipolaridad, en 1972, en pleno gobierno socialista de la Unidad Popular, ocurrió que el Subdirector de la CIA, general Vernon Walters, se acercó secretamente al Ejército de Chile y le ofreció los servicios de la inteligencia para ayudar a combatir la Revolución Comunista que se extendía en Sudamérica. Entonces, no se concretó nada.
Sin embargo, dos años después, en 1974, la colaboración se materializó de forma efectiva justo en el momento exacto en que la DINA se creó –gracias a un Decreto de Ley de la Junta de Gobierno– al mando del general Manuel Contreras, uno de los más destacados oficiales del Ejército de la época. Concretamente, el apoyo de la CIA consistió en el envió a Chile, entre marzo y agosto de 1974, de doce instructores premunidos de una sofisticada tecnología de espionaje, que tuvieron la misión específica de entrenar a varios equipos DINA contra la guerra subversiva. De la CIA se aprendieron acciones de represión política, tácticas de tortura, detenciones y desapariciones, ya que Chile carecía de toda experiencia en materia de inteligencia.
Al término de la misión de instrucción, en agosto de 1974, el gobierno de los Estados Unidos y los directores de la CIA decidieron dejar a uno de sus equipos de instructores “incluido” permanentemente en la DINA, con el objetivo de poder controlarla, tal como manipulaba a la DISIP (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención) venezolana a petición del presidente Carlos Andrés Pérez y a otros servicios de inteligencia del mundo 5. Para la CIA, la inclusión de sus agentes en la DINA significaba reforzar la lucha contra la KGB en Sudamérica, pero también era una toma de control en los asuntos internos del gobierno chileno.
La condena de Contreras
El encargado de hacer frente a los planes de los Estados Unidos fue el general Manuel Contreras. Apoyado por Pinochet, Manuel Contreras respondió con un rotundo “no” a la permanencia de la CIA al interior de la DINA y expulsó a los agentes estadounidenses. Este acto patriótico le significó su total condena. Una negativa temeraria que también le costaría caro al Ejército. “Efectivamente, a Chile llegaron unos agentes CIA –explicaba el abogado Humberto Neumann, defensor del general Contreras–. Pero dada las características que siempre han detentado los gobiernos estadounidenses, y, en especial, la CIA como institución... en un momento determinado quisieron tener total y absolutamente controlado al servicio de inteligencia chileno, situación que no fue aceptada por Chile porque las condiciones en que quería trabajar la CIA no eran aceptables para la DINA”.
Los altos mandos de la CIA se indignaron con la supuesta “traición” de Chile y decidieron infiltrar a la DINA inmediatamente, a través de sus propios medios y de la DISIP venezolana. La operación se concretó con éxito el 30 de noviembre de 1974, día en que un hombre llamado Juan Andrés Wilson ingresó a la DINA como proveedor de elementos electrónicos. En ese momento nadie en el Ejército chileno supo que su verdadero nombre era Michael Townley, ni que cumplía una orden de infiltración proveniente de la CIA.
Los intentos de infiltración de la CIA en la DINA continuaron en diciembre de 1974, cuando a Chile llegaron tres misteriosos hombres: Orlando Bosh –cubano con pasaporte dominicano, directamente relacionado con Carlos Andrés Pérez y la DISIP–, Dionisio Suárez –cubano con pasaporte venezolano– y Guillermo Novo –cubano con pasaporte estadounidense–, quienes no fueron recibidos por el general Contreras. En febrero de 1976 la DISIP envió a los cubanos Rolando Otero y Virgilio Paz, quienes tampoco lograron contactarse con la DINA. Otero fue entregado a las autoridades estadounidenses del FBI, mientras que Virgilio Paz se escondió en la casa de Michael Townley en el barrio de Lo Curro en Santiago, desde donde retornó clandestinamente a los Estados Unidos. En junio de 1976, la CIA hizo entrar de nuevo al cubano Guillermo Novo para que viajara luego con Townley a Argentina en forma secreta.
Es muy sabido que la CIA es el medio a través del cual los Estados Unidos influyen en la política interna de los países. No obstante, rara vez está al alcance de la justicia saber todos los pasos que da esa institución.
El general Manuel Contreras se condenó al contener los planes de la CIA. De esa forma hizo honor a la tradición militar de su familia. El apellido de los Contreras proviene de la península Ibérica y data de seiscientos años de antigüedad. Su origen se encuentra en un lugar llamado las Cuevas Contrarias, situado en la ciudad de Burgos que era un importante centro militar del Imperio Español. Manuel Contreras venía de ese linaje militar, que se ramificó por Ávila, Jaén, Córdoba, Burgos, Madrid y Santiago. De las armas de guerra de su escudo se puede destacar la partición que simboliza la alianza de familias, los palos que son signos de que un valiente soldado atravesó el frente de combate y venció al enemigo en su propio terreno, y, la bordadura con ocho aspas que significa protección, favor y recompensa.
El espía Michael Townley
El error imperdonable del fallo de la Corte Suprema de 1995 estuvo en el hecho de no haber revelado que Michael Townley, actualmente sujeto al programa de protección de testigos del gobierno estadounidense y que disponía de 15 identificaciones falsas, era efectivamente un agente de la CIA desde 1971, y, en consecuencia, espía infiltrado en la DINA a partir del 30 de noviembre de 1974, a pocas semanas de que el Ejército negara la permanencia de los agentes CIA en el país. Michael Townley irrumpió en escena como una especie de comando estadounidense encubierto, encargado de peligrosas misiones de eliminación y aniquilación. Un sicario que literalmente tomó en sus manos las riendas de la historia de Chile.
En 1995 la justicia chilena no encontró ni un solo argumento que le hiciera presumir que Townley era agente de la CIA. Hoy se conocen pruebas irrefutables:
1.-Documentos oficialesde la CIA firmados por el Director de Operaciones, Marvin Smith, y por el Director de Seguridad, Robert Gambino, el 9 de noviembre de 1978, establecen que Michael Townley había sido aceptado como agente operativo de la CIA a partir de febrero de 1971 y en esa calidad ingresó a Chile el año 1974 6.
2.-En los expedientes del juicio que se llevó en Estados Unidos contra los cubanos Virgilio Paz y Dionisio Suárez, condenados junto a Townley como los autores materiales del asesinato de Letelier, Marvin Smith, ex Director de Operaciones de la CIA, testificó que en su institución existía un “Archivo Townley”. Durante la vista de la causa en el Gran Jurado de Estados Unidos, Smith señaló que a Townley lo tenían “registrado con los nombres de Andrés Wilson, Hans Petersen Silva y Kenneth Enyart”, pero no con el de Williams, utilizado para pedir unos pasaportes al embajador Walter Landau en Paraguay .
3.-En el mismo proceso, Robert Gambino, Director de Seguridad de la CIA, declaró bajo juramento que “no puede haber en el mundo alguien tan iluso para pensar que la CIA fuera a reconocer a un agente suyo como tal, precisamente, cuando éste aparece como el principal culpable de un asesinato de connotación internacional”, cuyas implicancias ponían en juego al gobierno estadounidense. Gambino se limitó a declarar que “las fichas de la Oficina de Seguridad no indican si se utilizaron o no los servicios de Townley”.
4.-En el proceso de extradición de Townley desde Chile a Estados Unidos, el general Vernon Walters, Jefe de Operaciones Extranjeras de la CIA, declaró que, además de emplear a su filial DISIP venezolana se vio “obligado a utilizar solamente a agentes extranjeros que tenía repartidos en el mundo, entre los que estaba Townley”.
5.-“Existen papeles que demuestran que sí existe un deseo inicial de Townley de pertenecer a la CIA –aseguró el almirante y ex senador Ronald McIntyre, agregado militar naval en Washington durante el atentado–. Después la CIA dice que nunca fue contratado. Ahí entramos en un problema serio, porque la CIA nunca lo va a reconocer. Mi información es de que Townley quiso pertenecer a la CIA”.
6.-“Yo recuerdo –declaró el ex senador Marcos Aburto, ex Presidente de la Corte Suprema– que Townley dijo que en verdad había sido como una especie de informante y cooperador de la CIA”.
7.-“En muchas publicaciones se ha dicho que Michael Townley era agente de la CIA. Yo no he participado en una investigación más acuciosa –señaló el ex Presidente, Ricardo Lagos–. Esta es materia donde es muy difícil opinar porque constituyen temas específicos de los servicios de inteligencia”.
Después de una revisión minuciosa del conjunto de antecedentes del proceso, resulta ingenuo sostener que Michael Townley no era un doble agente de la CIA y de la DISIP cuando se convierte en informante pagado de la DINA. Fabiola Letelier, hermana del ex Canciller, define a Tonwley como “un fanático que estaba en contra de todo el cambio político a favor de Allende”. Para otros, fue un “anzuelo cebado de la CIA para inculpar al gobierno militar del asesinato de Orlando Letelier”.
La Operación Cóndor
En 1976 el Ejército de Chile se había convertido en la principal fuente de integración del país, a través de un gobierno autoritario que incurría periódicamente en acciones propias de una dictadura. Por su parte, los Estados Unidos, es cierto que ayudó a los países sudamericanos a combatir los regímenes revolucionarios, pero también es verdad que les dio un plazo límite para volver al sistema democrático. De lo contrario, actuaban contra ellos “a la manera de la CIA”.
Para este fin se planeó la llamada Operación Cóndor: un plan liderado por la CIA y ejecutado técnicamente por el conjunto de las policías secretas de América, cuyo fin era destruir los regímenes del tipo cubano castrista y acabar con la expansión del comunismo. La DINA también participó desde el punto de vista operativo, ya que existe un documento en los expedientes en donde Manuel Contreras invitaba a una reunión en Chile a todos los directores de los servicios de inteligencia de América del Sur, con el fin de coordinar acciones e intercambiar información.
En lo que se refiere a Chile, la CIA determinó ejecutar tres atentados dentro del marco de la Operación Cóndor: el del ex Comandante en Jefe del Ejército, general Carlos Prats (Argentina, septiembre de 1974); el del ex vicepresidente Bernardo Leigthon (Italia, octubre de 1975); y, el del ex Canciller, Orlando Letelier (Estados Unidos, septiembre de 1976).
En efecto, el tercer golpe para desestabilizar al régimen chileno y sacar de Washington a un “personaje conflictivo”, fue el asesinato de Letelier. Oculto detrás de los tres magnicidios hubo un mismo modus operandi y la abominable mano de Michael Townley, nexo operativo de la CIA con la Triple A de Argentina, con grupos neofasistas en Italia y con cubanos ultranacionalistas de Estados Unidos. Para los abogados que asumieron la defensa de Chile no les cupo la menor duda de que fue la CIA la que ejecutó los tres atentados. Eran presiones para que la comunidad internacional aislara a la Junta de Gobierno y la obligara a dimitir.
Nadie duda que fueron operaciones similares y que tuvieron un origen muy similar también. El análisis final de documentos, expedientes, testimonios, declaraciones, pruebas tangibles, entrevistas y confesiones, establecen que el asesinato del ex Canciller entró en el marco de la Operación Cóndor y que fue planificado directamente por la CIA en una misteriosa reunión realizada en BONAO, República Dominicana.
La reunión de BONAO
El crimen contra Letelier comenzó a elaborarse en febrero de 1976, cuando los directores de la CIA, George Bush y Vernon Walters, ordenaron a Michael Townley viajar a Miami en forma secreta. En esa ciudad se reunió con el cubano Ricardo Morales Navarrete, Jefe de la División 54 de la DISIP y agente de la CIA, quien le entregó las primeras instrucciones. Semanas después, en ese mismo mes de febrero, Virgilio Paz viajó a Chile clandestinamente enviado por la DISIP y se alojó en la casa de Townley en Lo Curro. Paz le llevó más instrucciones y la orden de asistir a una reunión secreta que habría de efectuarse en BONAO, República Dominicana, en mayo de 1976, donde se debía planear con detalle el atentado explosivo contra el ex Canciller.
La CIA junto a la DISIP organizaron la reunión de BONAO en una hacienda perteneciente a una multinacional norteamericana, a mediados de mayo de 1976. El mitin fue preparado por el agente de la CIA, Zacha Volman, antiguo conocido de Michael Townley, quien grabó y firmó la reunión para la inteligencia estadounidense. A este cenáculo llegaron grupos nacionalistas cubanos que desde 1975 cometían atentados en Estados Unidos, donde aparecieron las figuras de Ricardo Morales Navarrete, alias “el Mono”, agente de la DISIP y de la CIA, quien durante el proceso juró haber asistido a BONAO, encargado de informar a Carlos Andrés Pérez, Presidente de Venezuela; Luis Posada Carrilles, agente de DISIP; y, otros cubanos anticastristas agentes de la CIA, como el terrorista Orlando Bosch Avila, encargado de informar los acuerdos de BONAO al Coordinador de Asuntos Extranjeros de la CIA, general Vernon Walters. Un exhorto dominicano –oficializado en el proceso el 3 de abril de 1993 con el Nº 29649– también acreditó el arribo de Michael Townley a República Dominicana con el falso nombre Juan Torres 7. Su presencia era esencial para involucrar a la DINA.
Casi todos los que asistieron y fueron testigos de la reunión de BONAO, con la sola excepción de Osmeiro Carneiro Gutiérrez, comisario general de la DISIP, murieron en extrañas circunstancias o desaparecieron sin dejar rastro. Por ejemplo, el abogado Raymond Aguiar –que sabía de la reunión de BONAO– fue baleado en Caracas, en una calle de la urbanización Las Mercedes; Ricardo Morales Navarrete fue asesinado en un bar de Miami, sin que nadie nunca haya visto su cadáver; el periodista Chao Hermida murió en su oficina del diario venezolano 2001, supuestamente de un infarto fulminante.
En la reunión de BONAO se planificaron dieciséis atentados. El más importante, después de la destrucción de un avión de Cubana de Aviación, donde murieron 73 personas, fue el asesinato de Orlando Letelier, el único que la CIA aceptó en los Estados Unidos. De este modo, el atentado fue conocido originalmente por la DISIP y el Presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, por el Subdirector, general Vernon Walters y por el Director de la CIA, George Bush.
¿Por qué la CIA atentó contra Letelier?
A lo largo de la investigación se extrajeron 17 razones para justificar el homicidio de Orlando Letelier. Tres de ellas fueron las siguientes:
1.-El ex Canciller reorganizó la oposición al régimen militar chileno en el exilio. En un determinado momento la CIA pensó que podía afectar la estabilidad del gobierno de Augusto Pinochet, por miedo a un posible regreso del comunismo y, de este modo, debilitar el capitalismo.
2.-Letelier mantenía relaciones con Fidel Castro y había quienes lo relacionaban operativamente con el servicio de inteligencia cubano, DGI. Este nexo representaba un peligro para los gobiernos que combatían el comunismo como fue el caso de Chile y Estados Unidos, sumergidos en plena Guerra Fría.
3.-Letelier fue un informante importante de la Comisión Church que perjudicó a la CIA en la parte correspondiente a Chile. Richard Helms, ex Director de la CIA, fue condenado a dos años de presidio por dicha investigación. George Bush, el nuevo Director de la CIA, se encontró con una ley especial que establecía medidas muy estrictas para cumplir eficientemente con lo que “siempre había realizado la inteligencia estadounidense en operaciones secretas”.
La trampa contra la DINA
Para inculpar a la DINA, la CIA tendió una trampa en tres partes que se conoció como el Caso Pasaportes.
Primera Parte: En agosto de 1975 el entonces Jefe de Operaciones Extranjeras de la CIA, general Vernon Walters, trató nuevamente de convencer a la DINA de trabajar para ellos. Para esto y con el supuesto objetivo de concretar una mayor cooperación, invitó al general Manuel Contreras a Washington. A su llegada a Estados Unidos el Jefe de la Inteligencia chilena le explicó que solamente estaba abocado al problema interno y a mejorar la imagen de Chile.
Walters le prometió a Contreras entregar una importante Lista de Personalidades norteamericanas para que fueran invitadas a Chile, en una manifestación de apoyo a la causa militar y a la recuperación económica del país. Pero la voluntad del Subdirector de la CIA era diametralmente otra, porque ese viaje de Contreras a la capital estadounidense se erigió en una trampa contra la DINA, piedra angular para inculparla del crimen de Letelier, quedando el gobierno estadounidense libre de toda responsabilidad frente a la comunidad internacional.
Segunda Parte: A mediados de junio de 1976, tres meses antes del crimen, el general Walters pidió a Chile que enviara a dos agentes a Washington con el objetivo de recoger la Lista de Personalidades prometidas. Para esta operación la CIA impuso dos condiciones:
1.-Que uno de los agentes manejara el inglés, por si era necesario hablar con una de estas personalidades.
2.-Que ocuparan pasaporte de algún país amigo.
La DINA le asignó la misión al entonces teniente de Ejército, Armando Fernández Larios y al informante Juan Andrés Wilson o Michael Townley, quien hablaba muy bien inglés y se creía que era chileno. El general Manuel Contreras reconoció que Townley fue como parte de la DINA, en el marco de la Operación Cóndor.
El viaje a Estados Unidos se inició en julio de 1976 a través de Paraguay, que estaba bajo la dictadura del general Alfredo Stroessner. En Asunción, capital paraguaya, la legación diplomática estadounidense, bajo la dirección del embajador Walter Landau, visó los pasaportes de Townley y Fernández Larios, y envió sus fotografías al general Vernon Walters con los nombres falsos de Williams y Romeral, respectivamente. Las dos fotos fueron recibidas personalmente por el Director de la CIA, George Bush, por cuanto Walters salía a retiro ese mismo mes de julio de 1976. En febrero de 1978, durante la investigación del caso en Estados Unidos la CIA hizo llegar las fotografías al FBI.
Al general Walters no le agradó el informe del viaje de Townley y Fernández Larios a través de Paraguay y con pasaportes paraguayos. Su desagrado se explica porque su intención era que hubiesen ocupado pasaportes argentinos, para que el asesinato de Letelier tuviera el sello de tres dictaduras sudamericanas, y, también, porque él estuvo en Paraguay en junio, con lo que podría verse involucrado en los hechos.
Por esta razón, el 6 de agosto de 1976 la embajada estadounidense en Paraguay entregó un mensaje en la sede diplomática chilena, donde se señaló que habían surgido problemas con las visas de los pasaportes paraguayos de Williams y Romeral, y que existía la posibilidad de que ingresaran los mismos personajes pero con pasaportes chilenos. Este inconveniente hizo que la misión inicial en Paraguay fracasara.
Después, la DINA envió a dos nuevos agentes, Riberos y Mosqueira, a buscar la Lista de Personalidades, en vez de Williams y Romeral. Walters no los recibió pese a los esfuerzos del agregado militar chileno en Washington, general Nilo Floody.
El general Walters se fastidió porque no iba Townley, ya que el asesinato de Letelier, programado para antes de la Asamblea de la ONU, se podía postergar. La DINA no había querido enviar a Townley por sospechas después del viaje a Buenos Aires y porque un informante no debía viajar con pasaporte oficial chileno otorgado por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Tercera Parte: En agosto de 1976 la DINA determinó completar una investigación en CODELCO Nueva York sobre un disociador encubierto. Esta investigación se inició en 1975 a raíz de una solicitud emitida por el Embajador de Chile en Canadá al Ministerio de Relaciones Exteriores.
Para este cometido se envió a una mujer que prestaba servicios a la DINA, Liliana Walker, y al mismo teniente Armando Fernández Larios como agente de apoyo, a quien se le autorizó permanecer en casa de su hermana que vivía en Washington y que estaba casada con un agente del FBI. Incluso, paseó junto a ella y su cuñado por la capital de Estados Unidos y visitó el Cuartel General del FBI, donde estampó su nombre en el Libro de Visitas.
Al llegar a CODELCO Nueva York, Liliana Walker no encontró al disociador porque había sido despedido. Por su parte, Fernández Larios se enteró que su padre estaba hospitalizado en Chile y decidió regresar con Liliana Walker el 9 de septiembre de 1976.
Cuando la CIA supo que Fernández Larios se encontraba en Estados Unidos, le ordenó a Townley viajar desde Santiago al aeropuerto Kennedy de Nueva York, a espaldas de la DINA, para convencer al teniente chileno que se quedara en Washington. Townley viajó con pasaporte de Hans Petersen Silva, visado por el Consulado de Estados Unidos en Chile.
Sobre este encuentro entre Townley y Fernández Larios el Caso Letelier exhibe un sinnúmero de contradicciones. Por ejemplo, Townley dice que Fernández Larios le entregó un papel escrito con numerosas indicaciones, en cambio, Fernández Larios habla de un mapa con tres indicaciones. Townley habla de los movimientos de Letelier sondeados por Fernández, mas el 26 de agosto de 1976 mientras Fernández llegaba a Washington, Letelier viajó a Ámsterdam, y, el 9 de septiembre de 1976, cuando Fernández salió de Washington, el ex Canciller llegaba de Amsterdam. El viaje de Townley a Estados Unidos fue realizado para involucrar a la DINA, ya que la reunión con Fernández Larios nunca ocurrió.
La CIA entregó en total 157 elementos de prueba de la efectividad de dicho encuentro y del plan contra el ex ministro de Relaciones Exteriores. Con el paso del tiempo y amparados por el sistema de protección de testigos del gobierno de Estados Unidos, Armando Fernández Larios y Michael Townley pactaron una confesión que culpó solo a la DINA del plan contra Letelier. Desde esas firmas las huellas de la DINA quedaron estampadas en el homicidio.
La sentencia final
La verdad es la que primera se nubla al leer el expediente de 10 mil fojas de la sentencia final. Las declaraciones de víctimas y victimarios se contradicen. Los hechos se modifican en el tiempo. Testigos claves desaparecen para siempre en circunstancias inexplicables. Las presunciones evidentes después decaen como gritos en un silencio parásito.
La DINA participó en acciones preoperativas aclaradas parcialmente por el fallo de la Corte Suprema y con la confesión del brigadier Pedro Espinoza –conocida públicamente el 2004–, quien admitió que el 27 de abril de 1978 cuando ejercía como comandante del regimiento Pudeto en Punta Arenas, fue obligado por el fiscal militar, Héctor Orozco, a “dejar libre de polvo y paja” al general Augusto Pinochet e inculpar solamente al general Manuel Contreras. No obstante, aclara que la verdadera misión de la DINA en Estados Unidos consistió en investigar los contactos de Letelier con políticos marxistas que buscaban bloquear económicamente a Chile, además de sus conocidos nexos con el principal líder comunista de la época, Fidel Castro, quien habría deseado enviar un ejército cubano a Chile a través de Carrizal Bajo.
El Caso Letelier le sirvió a los Estados Unidos para dividir el alma de la patria en dos mundos antagónicos, dos sociedades en una nación, dos verdades para un mismo asesinato. Primero fueron los militares y los sectores conservadores de la derecha los que impusieron su moral para juzgar el proceso y así validar frente al pueblo el “pronunciamiento militar” del 11 de septiembre de 1973. Más tarde, con el advenimiento de la democracia en 1989, la izquierda y los sectores liberales fueron los que impusieron la otra cara de la moneda. Tal como dicta el “ideal del sicambro” característico de la mentalidad de Occidente: de un momento a otro se quemó todo lo que se había adorado y se comenzó a adorar todo lo que había sido quemado. En treinta años se pasó de un extremo al otro, de una persecución brutal contra los comunistas a la construcción de un altar en memoria de sus nombres. Al final, ambas ideologías se han apoyado sólo en una parte de la verdad, polarizando las voluntades, imponiendo como absoluto lo políticamente correcto para un momento, fuera de lo cual nadie puede salirse, haciendo de las descalificaciones y negaciones el modo normal de hacer política e impidiendo la unión de la nación.
La sentencia final de la Corte Suprema no hizo ni una sola referencia a la intervención de la CIA en los hechos que significaron la muerte del ex Canciller, Orlando Letelier. Sin embargo, la intervención del organismo estadounidense y de sus autoridades es un hecho inobjetable, en particular: la del entonces Director de la CIA, George Bush, ex Presidente de Estados Unidos, y, del ex sub Director y Jefe de Operaciones Extranjeras de la CIA, general Vernon Walters.
El Caso Letelier, el único caso excluido de la Ley de Amnistía bajo expresa indicación de los Estados Unidos, constituirá con el paso del tiempo una prueba contundente del carácter de protectorado económico que debió asumir Chile a partir del 11 de septiembre de 1973. También seguirá siendo motivo de análisis en el Derecho Internacional, que ha contemplado como imprescriptible los crímenes de lesa humanidad. Quizá sea esta instancia la última oportunidad para reconstituir una justicia dividida por la Guerra Fría.
CHILE COMO PROTECTORADO ECONÓMICO
Toda la clase política chilena fracasó vergonzosamente ante la contingencia de la Guerra Fría, dejando al país como un campo fértil para la intromisión de una ideología extranjera. Para hoy, el carácter de protectorado capitalista se ha sacralizado a tal grado, que cualquier cuestionamiento puede transformarse en una ofensa directa contra los imperativos de los Estados Unidos. Controlando las líneas editoriales de los medios de comunicación se ha logrado que el más suave crítico sea considerado como un león, o como un polemista que es necesario contrastar con el criterio general de las masas, en algunos casos, castigarlo con una conspiración del silencio si su intelecto supera al promedio. En Chile no se permite el examen profundo. Se vive un apagón cultural de proporciones insondables. Tiempos en que las disciplinas llamadas a construir sólo procuran lo conveniente, pero no lo importante. Se rechaza al investigador, al creativo, al original, pues se consideran síntomas de inestabilidad para las grandes multitudes. El mayor problema de este protectorado no está los errores originales impuestos por el imperio, sino en un anacronismo que ha convertido en sagrado lo meramente conveniente.
La riqueza
Entre los triunfos entendidos como positivos destaca el habernos convertido en la economía más competitiva de Sudamérica y una de las veinte más eficientes a nivel mundial. Como proyección de los Estados Unidos nuestro país ha avanzado como el mejor alumno de la clase, es decir, ha sabido defender una visión racionalista y materialista de la realidad, generando riqueza como nunca antes se había visto. Se crearon nuevas industrias para explotar y exportar las materias primas, lo que ha creado empleos y mantenido la cesantía estable, pero sin aportar valor agregado a los productos. La actividad comercial se ha catapultado hacia altos niveles internacionales, aunque no se ha alcanzado todo el potencial económico. La banca disfruta de estabilidad y de multimillonarias utilidades semestrales. Se goza de confianza internacional por la baja corrupción institucional y por el profundo conocimiento de los instrumentos bursátiles del mercado mundial. Su alta gobernabilidad se ha valorado como uno de los indicadores más importantes de un bajo riesgo país. Incluso se ha llegado a proyectar a Chile como una plataforma bancaria para Sudamérica. Toda la riqueza del protectorado, como era de esperarse en el modelo, se ha concentrado en un 3 por ciento de empresas privadas que controlan el 80 por ciento de la actividad economía del país.
Tampoco se puede olvidar el significativo descenso de la mortalidad infantil como del analfabetismo, lo que ha contribuido a un aumento del nivel de la calidad de vida. La educación superior se ha potenciado por la aparición de un conjunto de universidades privadas autónomas, que ha permitido prolongar los años de estudios contribuyendo a una promoción social antes impensada. Todos estos avances se sostienen gracias a un conjunto de políticas económicas y sociales garantizadas por las bases institucionales de la Constitución de 1980. Dentro del complejo marco de la globalización mundial del capitalismo, Chile logró consolidar la riqueza suficiente para poder soñar con el desarrollo.
El materialismo
El avance económico ha facilitado el desarrollo del gran pecado del capitalismo, a saber: en la raíz del modelo subyace un panteísmo materialista que concibe como una misma unidad a Dios y lo sensible. Todo lo que no es percibido por los sentidos es una ilusión, palabras sin contenido, simples nombres vacíos, meras generalidades, inexistentes e irreales. La materia es la única esencia de la Realidad, es decir, se dota a lo absoluto de la cualidad de la materia, que se concibe como una fuerza divina a partir de la cual se producen grados superiores de seres.
Desde esta óptica se mide la moral, la política, el amor, las virtudes y las relaciones humanas. Que a nadie extrañe, pues, vivir un relativismo moral, una falta de fe, un alejamiento del catolicismo, una indiferencia con el prójimo y una franca superficialidad intelectual, suplida por el alto consumo de la televisión. El ciudadano se ha sumergido en un individualismo autodestructivo, cada día con menos amigos verdaderos, cada día con un concepto de familia más alternativo, donde el trabajo es la única actividad que le entrega un sentido de pertenencia. La alienación se soslaya con una tendencia a la donación al Estado o a una empresa privada, que dicta lo que se debe creer y cómo se debe actuar. La secularización de la sociedad facilita caer en un mundo de angustia y miedo, ya que para el chileno es lo mismo la soledad que el infierno.
La filosofía materialista ha creado un individuo práctico, el homo economicus, el hombre light, encadenado al devenir sensual. Así es como el máximo producto del capitalismo, la riqueza material o sobreabundancia de bienes, constituye el mayor enemigo de la sabiduría, ya que el hombre rico se encuentra mucho menos seguro de la causa de sus sufrimientos. Su inteligencia, en vez de orientarse a las virtudes y a la evolución del alma, se orienta al consumo, que pasa a ser el equivalente del bien. Hasta que no se aprenda a vivir con la riqueza y a convivir en una sociedad pobre y compleja, el individuo evidenciará una perceptible tendencia a emplear sus privilegios en fines equivocados o hacer el ridículo. Nadie con un sano juicio puede creer que el nadar en la riqueza es la meta más conveniente de la vida, por el contrario, la opulencia siempre ha amenazado el prestigio y la posición de los hombres notables. El gran problema del materialismo no está en el mundo exterior ni en la superficie de las cosas, sino en el interior del hombre, es decir, en una inteligencia que no ha logrado vivir con lo que ella misma ha producido.
El ateísmo
El materialismo del modelo chileno es la expresión práctica de un postulado radical del ateísmo moderno, mucho más profundo, según el cual: “Dios sólo se manifiesta a través de bienes corpóreos como el pan y el vino, más que en su divinidad pura”. Por lo tanto, no se puede afirmar que el protectorado sea cristiano, por el contrario, más bien parece una inspiración calvinista desprendida de un principio básico del luteranismo, que ha tomado cuerpo en una sociedad marxista y gramsciana, consubstancial al ateísmo que confunde a la Divinidad y la materia. No extrañe, pues, que el ateísmo quite valor a las humanidades, en particular a la filosofía, y provoque un empobrecimiento espiritual generalizado e idolatría. La soledad del ciudadano, su atomización, es la evidencia del triunfo del Príncipe de las Tinieblas, amo de la materia, según la fórmula: mientras más fuerte es el cuerpo, más exigua es el alma. Lamentablemente, lo mismo que les acontece a las personas les sucede a las naciones.
El consumismo
El capitalismo es consubstancial al consumo, es decir, al agotamiento de los recursos naturales y al deterioro del medio ambiente. Al estar controlado por una mentalidad consumista, contrariamente a lo que se cree, el país se empobrece en la misma medida en que se agotan sus recursos naturales. La mirada a corto plazo que prevalece, hace creer falsamente en que la riqueza comercial es la verdadera riqueza, sin tomar conciencia de la real dimensión del agotamiento de la Tierra. El consumismo ha puesto a la destrucción total del equilibrio medioambiental como el objetivo central de la actividad económica, y, para ello, está utilizando al hombre por todos los medios posibles, quien ha hipotecado el futuro de la flora y la fauna del siglo XXI.
La pobreza
La economía capitalista se creó como una disciplina para superar la mortificación del hambre, la enfermedad y el frío de la sociedad inglesa del siglo XVIII. Sin embargo, nadie puede sostener que las ideas que interpretaron aquel mundo sigan siendo adecuadas para los Estados Unidos del siglo XXI, menos para un protectorado como Chile. Sucede que el límite del capitalismo está en su propia insuficiencia, es decir, en la incapacidad estructural para erradicar la pobreza. Basta revisar la cifra de pobres que viven actualmente en los Estados Unidos, los que suman alrededor de 45 millones de personas. O la situación en Alemania, donde el 25 por ciento es pobre. Proporcionalmente, Chile muestra cifras similares, por más que las últimas encuestas CASEN celebren que la pobreza ha descendido a un 14 por ciento y que los estándares generales de consumo se hayan elevado. Es un hecho que el modelo chileno constituye una de las economías con mayor desigualdad en el mundo, en donde el 20 por ciento más rico de la población recibe 17 veces más ingresos que el 20 por ciento más pobre.
Como resultado de la generación de riqueza en manos de una minoría, las diferencias sociales se han acentuado y, lo que es más grave, amplios sectores sociales han quedado estructuralmente al margen de los beneficios y lujos del progreso. Este panorama es el resultado de la teoría que promete felicidad si el control total del Estado pasa a manos privadas o se le coartan al máximo sus atribuciones, para que la sociedad gire en torno a la voluntad de unos pocos privilegiados, lo que ha demostrado ser ineficaz para acabar con la pobreza. Qué decir de las pequeñas y medianas empresas que concentran el 80 por ciento de la mano de obra, y que, no obstante, a duras penas subsisten debido al endeudamiento y a que no han alcanzado la competitividad necesaria para contener la importación de productos a bajo precio. Por su parte, el trabajador ha quedado desamparado frente a las tendencias antisindicalistas y la desmesurada flexibilidad laboral. En este sentido, resulta ingenuo creer que la participación de las empresas transnacionales en la actividad económica chilena sea gratuita, ya que el poder que ejercen no escapa a la tentación de presionar a los gobiernos, a través, por ejemplo, de discursos y prácticas antisindicales, poderes de facto –como son las organizaciones empresariales– y medidas poco responsables con el desarrollo –como las fusiones monopólicas–. La historia nos ha mostrado muchos ejemplos de grandes empresas extranjeras que han dejado a los países en la desolación cuando el negocio que las convocaba dejó de ser rentable.
Las tendencias monopólicas clásicas del capitalismo han seguido su derrotero, a pesar de pérdidas relativas de poder entregadas a las clases bajas para frenar una supuesta “revolución proletaria”, a la que la minoría privilegiada teme profundamente. Por más que hipnoticen los maravillosos adelantos que se han producido durante las últimas tres décadas, la economía capitalista –al igual que el resto de disciplinas humanas– ha llegado a un límite de pobreza que exige la reformulación de sus principios.
La politiquería
Las bases políticas del protectorado chileno son las categóricas pautas de El Príncipe de Maquiavelo. El sigilo y la ignominia, que diplomáticamente se denominan discreción, la falsedad deliberada, los silencios y la simple omisión, utilizados como medios legítimos para el logro del poder, mueven la actividad. La capacidad de mentir y la habilidad de cambiar los hechos o capacidad de actuar, se hallan enraizadas en la esencia de los políticos. ¿Por qué? Sucede que las mentiras resultan mucho más plausibles y atractivas a la razón, que la verdad, dado que el mentiroso tiene la ventaja de conocer de antemano lo que el público desea o espera oír. En otras palabras, la política chilena es decadente porque las bases de la política occidental son inmorales.
La politiquería imperante en el ambiente no repara un segundo en mofarse de la situación de los electores, sin sentir por ellos otra cosa que una mezcla de burla e indiferencia. La verdad no figura entre sus virtudes. La apariencia sí. Las mentiras constituyen medios justificables en los acuerdos políticos. Los “pactos parlamentarios” a espaldas del pueblo son considerados mecanismos legítimos para la protección de los intereses particulares de los “amigos de partido” o de la “familia política”.
De aquellos legisladores chilenos que privilegiaron los intereses superiores de la patria por sobre los beneficios personales, quedan pocos. La actividad pública se ha desnaturalizado a tal grado que ha pasado a convertirse en sinónimo de cuoteos, pago de favores y beneficios personales. Se ha llegado a cree que el beneficio personal es equivalente al desarrollo general. Prácticas como la demagogia, lejos de las grandes ideas para lograr el Bien Común o el interés general, se ha transformado en un lugar común. En todo el espectro político predomina el partidismo, es decir, el servicio a los amigos, en donde el partido pasa a ser una especie de club o agencia de empleos, no importando mucho los méritos de los candidatos ni la moralidad de los personajes. Que tampoco extrañe, pues, que la administración pública se use para pagar “favores”, de modo que el Estado se hace ineficiente, ya que la llegada a un cargo público ocurre como resultado del partidismo y no en virtud de las capacidades profesionales. La consecuencia de tanta influencia burocrática es que la administración del Estado ha dejado de representar los intereses superiores de la nación, para encubrir ambiciones, egoísmos, ansias de beneficio familiar y figuración personal. En la práctica, la clase política se han transformado en una impenetrable cofradía de poder, no de grandes ideas.
Los conflictos políticos se suceden día a día y no hacen otra cosa que dividir a los chilenos. Esta es una pauta de acción característica del maquiavelismo, según la fórmula “dividir para gobernar”, donde lo que interesa es fomentar una situación que se pueda explotar públicamente en pos de marcar las diferencias. Ningún sector político reconoce algo positivo de su adversario, ya que ambos tienen la solución de todos los problemas de la sociedad. De este modo, las descalificaciones, peleas y ofensas se han hecho pan de cada día, mientras el ciudadano queda impotente frente al dirigente que decide en beneficio de su partido. Este partidismo y ceguera ideológica atenta contra las cualidades positivas del pueblo chileno. Que no extrañe, pues, la crisis de la convivencia social con el ejemplo que difunden los líderes. Se agrava más el problema debido a la inexistencia de una industria cultural capaz de elevar las actividades del espíritu humano. Tampoco el deporte, esencial en el cultivo del orgullo nacional, posee un apoyo sólido a largo plazo, y, lo que es inaceptable, muchos de sus organismos importantes –federaciones y últimamente Chile Deportes– se han corrompido públicamente y pasado a ser herramientas para el financiamiento de la politiquería. Una larga lista de instituciones del Estado han sido infiltradas por partidistas, los que, al conformar las oligarquías de la democracia, han desviado multimillonarios fondos fiscales a los bolsillos de unos pocos, ya sea a través de sobresueldos ilegales, cohecho o, lisa y llanamente, corrupción institucional. Incluso, se han creado organismos de fachada únicamente para encubrir los fraudes a la fe pública. La clase política nos ha llevado a una realidad diametralmente opuesta al sentido de la democracia, que supone la práctica de las virtudes. Esto constituye un grave problema social, ya que el pueblo siempre tiende a imitar lo que hacen sus gobernantes.
Como se han llevado las cosas durante los últimos años hace dudar que el actual democratismo sea la mejor forma de gobierno y de vida para el pueblo, pues no son los mejores los que se eligen como representantes. El sistema binominal, consagrado por la Constitución de 1980, impide la elección libre, más bien la controla, ya que los candidatos son impuestos por los partidos en conformidad con los limitados cupos zonales. En realidad, el modelo dista de ser representativo de todo el arcoiris político, ya que tampoco contempla a las minorías, cada vez más influyentes y relevantes para el desarrollo, sino que consagra el bipolarismo, la dualidad y, en consecuencia, la guerra entre dos sectores. El respeto a las minorías no constituye un compromiso contemplado para este protectorado.
La teoría de la participación popular que obliga a los elegidos a actuar de acuerdo a quienes los eligieron, en lo que se refiere al cumplimiento de los programas, no se cumple, por lo que es cotidiano ver las mudanzas radicales de la opinión, de un extremo a otro y sin que el soberano pueda hacer nada. Esto significa que los partidos políticos carecen de principios filosóficos que orienten la práctica hacia el verdadero cumplimiento de algo superior a los meros aspectos circunstanciales e intereses personales. Sus idearios no están amarrados a lo importante, menos a valores ni a visiones más altas ni a los intereses nacionales, que difícilmente pueden ser interpretados por personas que comulguen con órdenes de partido o ideologías extranjeras. La politiquería está extendiendo un verdadero imperialismo ideológico, unificando la demagogia, el materialismo y la superficialidad como normas de conducta, que, en vez de criticarse y erradicarse, permanecen amparadas por la misma legalidad, o sea, bajo el disfraz de la democracia, la libertad y los derechos humanos. El pensamiento político, avasallado por intereses extranjeros, está llevando a la esclavitud espiritual a una parte considerable del país. Sin embargo, ello no autoriza a contraer compromisos al margen de los intereses de la propia nación, menos a sentarse sobre la ley ni sobre la voluntad del pueblo.
La politiquería tiene su cuota de culpa en la alteración de la convivencia que ha crecido en Chile, la reacción callejera sin claros motivos y el fanatismo reaccionario e irracional de sectores cada vez más violentos, frente a lo cual la autoridad responde con represión, siendo incapaz de realizar un autoexamen. Ante el fenómeno social de la politiquería, el calificativo de traición a la Patria es moralmente justo e intelectualmente aplicable.
Los pecados contra el pueblo
Entre los pecados sociales más importantes hay pocos que puedan compararse con mentir y despreciar al pueblo. Hay pocas faltas tan grandes como pensar que el pueblo es tonto y fácil de engañar. Pero el peor de todos consiste en sostener que tal condición es permanente e inmutable. Amarga ver a los gobernantes prolongar el peso de esta afrenta, pretendiendo consolidar una especie de sociedad de castas sociales, mientras que en el fuero interior hacen todo para liberarse de su cuota de culpa. No sé cómo no se le atraganta el pan en la garganta a quien menosprecia al pueblo y piensa que jamás servirá para nada.
Llama la atención el montón de promesas que se ofrece al pueblo durante los períodos electorales. Cada acto de campaña es precedido por genuinos maestros del fingimiento y la ambición, que ofrecen granjerías y juramentos a unos y otros. Sin embargo, una vez en el poder, el asunto cambia y la incapacidad para cumplir las promesas produce un nuevo desencanto e impotencia. Ningún político es fiel a su palabra cuando han desaparecido las causas que le hicieron prometerla. En última instancia se dice que los hombres del pueblo son malos y que nunca serán leales con su gobernante, que en la vida cotidiana son ingratos, volubles, dados a la mentira, codiciosos, aficionados a esquivar peligros y acostumbrados a que otros resuelvan sus problemas, en vez de resolverlos ellos mismos por su esfuerzo personal. Mientras son favorecidos por las acciones y las promesas se comportan dócilmente, pero si algún peligro se acerca, es común verlos sublevarse contra la autoridad. ¡Que distancia de la obra de Rousseau¡ Todo justifica el incumplimiento del político, ya que quien engaña siempre encuentra alguien que se deja engañar. ¿Por qué el pueblo tiende a creer en tanta promesa? Por desconocimiento los hombres del pueblo son cándidos y sumisos a las necesidades del momento, dejándose llevar por el éxito y las apariencias. ¿Qué lo impulsa a dejarse engañar tan inocentemente? La causa de soportar sin protestas toda clase de engaños, insultos, injurias, marginación y hambre, estriba en la desesperante ignorancia que existe en este protectorado.
La mala calidad de la educación
La mala calidad de la educación es un denominador común en Sudamérica. La Región, en su conjunto, sólo realiza el 1 por ciento de la investigación científica mundial, y, si consideramos que el principal producto de la investigación es agregar valor agregado a los conocimientos, o sea, generar riqueza intelectual, no debe extrañar que en Chile haya una mala calidad de la educación.
El estado de la cuestión es desapasionado, descarnado, neutro. Casi la mitad de los estudiantes universitarios no entiende lo que lee y tiene malos hábitos de aprendizaje. El 33 por ciento dice no leer nunca, casi nunca u ocasionalmente. La mayoría tiene un conocimiento superficial, retiene sólo de memoria, carece de análisis crítico y de opiniones razonablemente fundamentadas 8. El problema se extiende a la sociedad en general, en números: el 85 por ciento de los chilenos entre 16 y 65 años tiene una compresión lectora de nivel 1, es decir, apenas son capaces de entender la etiqueta de instrucciones que trae un producto comercial. Sólo el 25 por ciento de los egresados universitarios alcanza un nivel de comprensión 4 ó 5, o sea, tienen la capacidad de inferir a partir de lo que conocen y de generar una nueva información a partir de lo aprendido.
La perversión del problema educacional radica en su indulgente transmisión a los niños y jóvenes, exaltando la mácula del conocimiento inútil, el conformismo de la superficialidad y el regocijo de una estupidez acrítica, creyendo que es una actitud natural de la condición de un protectorado. Al iniciar el siglo XXI las estadísticas revelan tres cosas más: el 80 por ciento de los chilenos entre 55 y 75 años no tiene la educación media completa; el 50 por ciento de las personas entre los 25 y los 44 años no ha ternimando el colegio; y, la generación de los noventa es la primera en la historia que tiene la escolaridad completa.
El panorama educacional ha acarreado el cuestionamiento al rol de la universidad como centro de excelencia académica. En el ranking internacional más prestigioso, orientado a establecer –según ciertos parámetros preestablecidos 9– las 500 mejores universidades del mundo, no figuraba ninguna chilena hasta hace poco. En Iberoamérica destaca la Universidad Nacional de México. En Sudamérica, la Universidad de Sao Pablo (Brasil), la Universidad de Buenos Aires (Argentina) y recientemente la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile, en los lugares 449 y 462, respectivamente. Una clasificación que debe sacar del conformismo a toda autoridad universitaria, ya que el desarrollo no resulta de ningún modo viable sin una educación superior de primer orden. Por lo demás, el eje cardinal de desarrollo Estados Unidos y Europa ha sido claro: la unión entre ciencia, investigación y educación como motores de la economía.
Entre los progresos educacionales de las últimas tres décadas se puede mencionar la creación de las universidades privadas autónomas. Estas han vivido un clásico proceso de formación empresarial sustentado en la apertura al mercado de carreras profesionales de bajo costo y alta rentabilidad, cuya demanda no era cubierta por las instituciones del Estado. Es el caso de carreras como: Ingeniería Comercial, Pedagogía, Periodismo, Psicología, Arquitectura, Diseño y Derecho, entre otras. El resultado del proceso ha sido que la curva de oferta de tales profesiones se ha visto satisfecha progresivamente, por lo que el índice de su demanda comparativa ha dejado de crecer a los ritmos iniciales. El escenario genera una lógica sobreabundancia de profesionales que redunda en, al menos, tres grandes oportunidades:
1.-En Chile existe una gran formación profesional joven que se está desaprovechando porque no tiene oportunidades laborales y carece de nuevos horizontes específicos de realización. Después de invertir un promedio de cinco años y recursos que muchas veces no abundan, el mundo profesional no les está ofreciendo mayores expectativas laborales, luego: la oferta tradicional de trabajos no satisface la demanda profesional específica. De ahí que la demanda de profesiones se esté abriendo hacia nuevas carreras, especializadas unas, multidisciplinares y técnicas, otras. Por ejemplo, un nicho específico que se proyecta para los próximos cincuenta años es la capacitación y certificación en tecnologías de la información.
2.-En muchas ocasiones el profesional egresado no se encuentra a la altura de una formación altamente competitiva. Esta es una de las razones de la Acreditación que se está exigiendo a las universidades, léase: procurar garantizar las exigencias cuantitativas y cualitativas de una educación superior de alto nivel, según los indicadores y exigencias internacionales.
3.-La cultura institucional de las más de cincuenta universidades privadas autónomas, por regla general, no contempla la investigación dentro de las políticas de competencia. Carecen de una orientación a la investigación ni un modelo administrativo y burocrático para tales efectos, por lo que no destinan mayores recursos a crear riqueza ni nuevos horizontes de desarrollo: se privilegia la docencia, pero no el ámbito de la investigación, que constituye, junto a la extensión, uno de los tres pilares de un sistema universitario consolidado 10.
En cuanto a la Reforma Educacional implementada por la Concertación a contar de 1998 y los multimillonarios recursos fiscales destinados para su funcionamiento, lamentablemente no se han visto signos alentadores. ¿Se ha invertido mal? La Reforma chilena representa la más ambiciosa mezcla de la reforma educacional española con ingredientes anglosajones, sustentada fundamentalmente en la incorporación de contenidos transversales y un construccionismo pedagógico, es decir, se reemplaza el tradicional método expositivo del profesor por una participación más activa de los alumnos en la construcción del aprendizaje. Lo importante es enseñar a aprender y no sólo a transmitir saberes. Se dice que los estudiantes han pasado a ser los “protagonistas” del proceso pedagógico, por lo que también tienen derecho a evaluar a sus profesores. Lo que no se comenta en ningún lado son los resultados arrojados por la Reforma Educacional española, tras varias décadas de su puesta en marcha. Citaremos dos:
1.-El construccionismo nivela hacia abajo la educación y descuida el área científica. Esto significa que muchos alumnos se ven motivados por el “aprender a aprender”, pero los mejores estudiantes, en cambio, se aburren. En consecuencia, España ha experimentado una masiva emigración de sus mejores estudiantes a otras universidades, principalmente anglosajonas, donde las exigencias son mayores y el método pedagógico responde al clásico expositivo por parte del maestro. Los alumnos destacados, contrariamente a lo que piensan las autoridades educacionales chilenas, se ven más estimulados por las clases teóricas y por tener frente a sus pupitres a profesores altamente calificados. Para este tipo de alumno la clase expositiva sigue siendo irremplazable.
2.-El construccionismo ha acarreado una pérdida de autoridad del profesor, quien ha pasado a verse como un facilitador instrumental más que como una autoridad en alguna materia. En España aumentó la indiscplina, muchas aulas fueron igobernables, se aceptó el mal comportamiento de los alumnos y no se contó con el apoyo de los padres. Se olvidó la memoria, el estudio serio, el trabajo documentado y muchos terminaron no hablando bien la lengua castellana. Estos problemas se ahondan con el hecho de que el docente es evaluado semestralmente por los alumnos en un manifiesto cuestionamiento a su trabajo. Esto no sólo habla mal de la institución educacional, ya que ella es la responsable directa de contratar a buenos académicos, sino también, se corre el peligro de bajar la calidad de la educación al contratar a profesores a la medida de los gustos de los alumnos. No faltan los que ven en esto un factor relacionado con la delincuencia juvenil y con las desatadas protestas por una mejor calidad de la educación, que más de un dolor de cabeza han generado.
¿Cuál es la causa de la mala calidad de la educación? Como realidad histórica efectiva, Chile –al igual que cualquier otro país– ha adoptado una forma concreta de ser, basada en una visión del mundo que no puede cambiar a voluntad como un traje, sino que es como el agua al pez, es decir: una condición esencial para la vida que se ha llevado. Los distintos ámbitos de una cultura responden a un determinado núcleo religioso, nacido a partir de una singular concepción ontológica. En este sentido, el problema de la educación en Chile está íntimamente relacionado con la religión preponderante en Sudamérica, el catolicismo, que históricamente ha funcionado como antagonista de la ciencia, bajo la convicción de la existencia de un conflicto irreconciliable entre Fe y Razón, entre las ciencias humanas y las exactas, entre la tradición religiosa y la investigación científica, como lo ha reeditado la Nueva Ortodoxia Católica. Y aunque la relación con la ciencia moderna es un cuestión mayor que afrontan todas las religiones del mundo, resulta conveniente, si el objetivo es mejorar la educación y erradicar la ignorancia, concebir una nueva manera de enfrentar el conflicto entre ciencia y religión. Tenemos la convicción que la mejor manera es a través del cultivo de un paradigma de síntesis, interdependiente, multidisciplinar y tolerante, en acuerdo con las obras de hombres como Capra, Bohm, Einstein, Decker, Heisenberg, Tipler, Ford, Vivenza, Lederman, Linde, Penrose, Prigogine, Russel, Loy y Gleick, por nombrar sólo algunos de los horizontes que se abren para el siglo XXI. Todo lo que se refiere a la existencia humana tiene una dimensión religiosa y la ciencia es siempre una empresa humana al servicio de algo más que la ciencia misma.
EL GRAN PROBLEMA DE LA IDENTIDAD DE CHILE
El gran problema que padece Chile como resultado del proceso de transformación en protectorado se resume en la imposibilidad de definir una identidad auténtica y propia, que oriente al pueblo hacia los fines superiores de la Región, del mundo y del Universo, es decir, no se ha encontrado un modo de ser distintivo, un principio constitutivo de nuestra unidad o alma de la Patria. Por el contrario, el avasallamiento ideológico de los imperios extranjeros ha terminado por influir en una desmoralización, un menosprecio y un sentimiento de inferioridad en el carácter de la nación, amainados por breves sobresaltos de insolencia y soberbia.
Desde nuestra independencia en 1810 hasta el presente, Chile ha absorbido como una esponja todo lo extranjero, en la mayoría de las ocasiones sin ningún filtro capaz de separar lo malo de lo verdaderamente útil. Primero se imitó lo español, luego lo francés, después lo alemán y finalmente, a contar de la Segunda Guerra Mundial, se importó todo lo estadounidense; desde el menaje de la casa, modas de vestir, artefactos, tecnologías, fiestas, costumbres y formas de placer, hasta las creencias, filosofías, sistemas administrativos, formas de gobierno y armas. El problema de la identidad se ha agudizado con el impacto de las tecnologías de la información y comunicación; la radio, la prensa, la televisión y la internet no sólo han constituido los pilares del fenómeno de la globalización, sino también fuertes factores de desarraigo. La mayoría se ha acostumbrado a copiar lo de afuera para construir lo de adentro. Quizá han sido las excesivas importaciones de todo tipo de productos la causa más visible del clasismo que ha invadido a la sociedad, o, acaso, una explicación para el aumento de la delincuencia, el arribismo y la envidia.
El escenario se oscurece si sumamos el ejercicio de una politiquería que utiliza todo medio de comunicación posible para hacer creer que lo extranjero siempre es mejor a lo nacional. Un mal hábito que se ha propagado en las áreas más diversas del quehacer nacional, frecuente incluso en el mundo de la investigación. En efecto, algunos han creído que hacer investigación científica es viajar cada cuatro años a Europa, copiar lo que se ve allá y traerlo a Chile. Ciertamente, sería de inmensa utilidad saber cómo se hacen algunos de los productos importados, pero hasta ahora los imperios han sido inflexibles en negar tal conocimiento a los protectorados y a todo pueblo bajo su dominio. Probablemente esto puede explicar porqué al chileno le guste tanto la vida ajena, la del extraño, intrometerse en cosas que no le importan e imitarlas sin detenerse a pensar en las consecuencias. Para este momento, el país ya se ha transformado en un instrumento de intereses extranjeros en desmedro de los fines propios de un Estado soberano.
¿Por qué ha sido tan difícil definir la identidad de Chile? ¿Es posible hacerlo? ¿Se está destinado a capitalizarnos? El carácter de Chile muestra muchos contrastes al igual que su geografía. En ocasiones, contradicciones propias de un país joven que no ha alcanzado la madurez, pero cuyo aislamiento ha contribuido a preservar diversos elementos originarios y homogéneos de un pueblo diferente de sus vecinos. Por ejemplo, su temperamento puede fluctuar desde la hospitalidad, la generosidad, la solidaridad y las buenas maneras, lo que hace muy amena su vida familiar y agradable su vida cotidiana; hasta la indolencia, la imprevisión, la lentitud y la falta de una mirada a largo plazo, lo que provoca un ánimo gris en las relaciones interpersonales. A veces pareciese que al chileno le agrada perderse en el anonimato de las masas, en un afán por sentirse número y no persona, entendiendo por persona algo espiritual, creador, original y libre, que no volverá a darse mientras exista el Universo. En otras oportunidades, la dignidad del más insignificante ciudadano cobra un valor superlativo cuando se ha cometido alguna violación contra sus derechos o cuando una catástrofe natural ha azotado al territorio.
Se ha llegado a decir que somos los más sobrios y autocontrolados de Sudamérica y los más europeos de todos los de América del Sur. Una imagen que contrasta con el escaso fomento a la educación de calidad, la ciencia, la investigación y la cultura, que han ido decayendo en directa proporción del aumento de los televisores en los hogares. Qué decir de los bajos índices de lectura, particularmente en los jóvenes, fuente primera del conocimiento y desarrollo. Se puede decir que se vibra poco con la vida artística e intelectual, ya que la frecuencia a visitar museos, bibliotecas o eventos de alta calidad ha sido escasa, a diferencia de la avidez de visitas a los mall y tiendas de artículos de vestir y suntuarios. Tal vez, la mayor contradicción de Chile sea su deseo de llegar al desarrollo sin ningún tipo de inversión seria en una educación de calidad mundial.
Otros dos factores que ahondan la problemática de la identidad y que contribuyen a explicar el desarraigo de muchos jóvenes, son: la pérdida de nacionalismos durante la segunda mitad del siglo XX; y, las inmigraciones a Chile de naciones europeas provocadas por las dos guerras mundiales –germanos, eslavos, franceses, judíos, árabes y latinos–, pueblos que al ver la decadencia de una Europa en llamas, sembraron en estas tierras sus esperanzas para construir un Nuevo Mundo.
El peso de los hechos ha impedido que nazca en Chile una identidad verdadera, manteniéndola en un latente estado de gestación. Tampoco el político se ha detenido a reflexionar seriamente sobre su proceder, impulsado por el pavoroso miedo de ser excluido de las esferas de poder del mundo. Todos los fenómenos señalados contrastan, por decir lo menos, con el sentido nacionalista que históricamente se ha tenido. Así y todo, sin duda hay personas que buscan intensamente las profundidades de los conocimientos, destacados poetas, filósofos, y científicos, pero son pocos.
El gran problema de la identidad también afecta al resto de pueblos de Sudamérica con los que se comparte un destino común. ¿Cuál es tal destino? ¿Qué rol le compete desempeñar a Chile en el escenario regional? El eco de la patria nunca ha resonado en el concierto eterno de las grandes civilizaciones de la Tierra, y, aunque desearía finalizar este caso con una exacta determinación de nuestro rol, la tarea de desentrañar tal misterio suponía antes distinguir los límites de Chile como protectorado económico de los Estados Unidos.
CASO 2:
DEUDA HISTÓRICA EN SUDAMÉRICA: EL APORTE AMERINDIO AL NUEVO MUNDO
Desde el punto de vista de una identidad cultural Sudamérica sigue constituyendo un fascinante enigma. Un misterio de la historia que mira más hacia el futuro que al pasado. Conciente de este complejo contexto y de las limitaciones propias de un escrito, abordaré esta problemática recordando apenas algo del legado de tres grandes culturas precolombinas de América, fuerzas que permiten mirar con un renovado optimismo el desarrollo de una identidad auténtica y legítima para la nuestro Nuevo Mundo, según las siguientes fórmulas, a saber:
1.-La Exactitud del Calendario Maya.
2.-El Orden del Imperio Inca.
3.-El Valor del Alma Mapuche.
LA EXACTITUD DEL CALENDARIO MAYA
De los más de 40 calendarios que actualmente coexisten en el mundo, el Calendario Maya –junto al calendario científico– es la herramienta más precisa construida por el hombre para medir el tiempo y ordenar la vida. Sus estudios más avanzados predicen que el 21 de diciembre de 2012 ocurrirá un gran cambio en la posición del Polo Norte Celeste de la Tierra. Este evento coincide con un inusual fenómeno astronómico conocido como la presesión de los equinoccios, causado por el lento tambaleo de la Tierra sobre su propio eje, que describe un círculo de 23° 26’ de radio alrededor del Polo Norte Celeste de la elíptica cada 25.780 años; aunque, también el ciclo precesional completo de la Tierra se aproxima a los 25.800 años, que corresponde al antiguo Gran Año platónico de 26.000 años. Básicamente, el movimiento precesional se debe a la influencia de la fuerza gravitatoria del movimiento del Sol sobre la posición de la Tierra.
Para los observadores terrestres el 21 de diciembre de 2012 dará la impresión que el Sol sale contra un fondo de constelaciones diferente que en los últimos dos milenios. El resultado será que el equinoccio del Sol pronto estará subiendo en la constelación de Acuario en lugar de la de Pisis, como ha sucedido en los últimos 2.000 años. La precesión de los equinoccios puede ser el gran evento astronómico medido por la pirámide de Kukulkán en Chichén Itza, México, que también puede estudiarse como un reloj precesional.
Para los efectos visuales más exactos el 21 de diciembre de 2012 habrá una intersección de la elíptica de la Tierra con el punto central del ecuador celeste de nuestra galaxia Vía Láctea. El ecuador celeste es el término astronómico para la línea divisoria de la banda de la Vía Láctea que separa los lóbulos derecho e izquierdo del cielo, similar a cómo el ecuador de la Tierra la divide en dos hemisferios. Para el 2012 la orientación de la Tierra pasará justo por un punto cero determinado por el centro de la galaxia, lugar de donde emanaría un rayo de energía que pasa por nuestro planeta Tierra cada 5.125 años. El alineamiento galáctico de la Vía Láctea en el punto cero es precisamente el borde de nuestra galaxia espiral, el momento de cambio total del ciclo precesional, es decir, el efecto de la energía del campo de la galaxia comienza una reversa astronómica después de 26.000 años.
La creencia Maya sostiene que el cumplimiento de los 26.000 años del ciclo precesional es un tiempo de gestación espiritual para el ser humano. El alineamiento de la Tierra con el centro de la galaxia el 21 de diciembre de 2012 catalizaría el nacimiento de un nuevo orden que crecerá por los próximos 26.000 años. El movimiento del padre Sol hacia su unión con el centro del corazón de la madre cósmica o Vía Láctea también significa la inseminación y siembra de aquello que dará fruto en el futuro. En el antiguo mundo Maya estaba muy difundida la creencia que estos puntos eran portales por los cuales las almas entraban en nuestro mundo y salían de él, puertas al centro de la galaxia, donde recientemente se ha descubierto un agujero negro conocido con el nombre de Cygnys X-1.
La era que comenzaría el 2012 es sobre el inicio de algo nuevo para la Tierra, pero también es la muerte y ruptura con el orden humano sostenido hasta el momento en base a la guerra, el conflicto y la dualidad, más allá del cual ha sido casi imposible concebir otro orden. Dentro del paradigma macroevolutivo, esto significa que las orientaciones civilizadoras se invertirán: eras de oscuridad abrirán camino a eras de luz; la eterna batalla entre la ignorancia y la sabiduría permitirá al espíritu humano emerger de los mares de la inconciencia. Durante estas eras de cambio social, en un primer momento, ocurre una radical polarización de los valores humanos en donde los campos contrarios se definen a sí mismos y se repelen mutuamente, para encontrar, en un segundo momento, una organización en un nivel superior, una nueva creación, una síntesis, donde ambos pasan a formar un nuevo sistema de valores, creencias y filosofías. En otras palabras, el matriarcado y el patriarcado que han implicado dominación social, territorialismo, coerción y control de los recursos por parte de la mujer y el hombre, respectivamente, dan paso a una época de cooperación e integración orgánica, es decir, de síntesis entre lo femenino y masculino.
La interpretación literal maya señala que desde 1992 la humanidad ha entrado en el “periodo del no-tiempo”, los últimos 20 años antes del final de la Gran Cuenta del Calendario anunciada para el 21 de diciembre de 2012. Ese día la Tierra recibiría un “rayo de sincronización” que se repite cada 5.125 años proveniente del centro de la galaxia Vía Láctea, momento exacto en que se cerraría el ciclo de 26.000 años del homo sapiens. Este fin de ciclo –en donde no se puede descartar la ocurrencia de severas consecuencias para el globo terrestre, como: cataclismos, terremotos, inundaciones y plagas– también debiera caracterizarse por un clima de festividad y armonía, una sincronización de formas míticas y un tono de regeneración espiritual desconocido hasta este instante, el preludio de un gran cambio para la humanidad. Se habla de una construcción humana con nuevos ideales y una personalidad dirigida en otra dirección, quizás, el hombre de la conciencia global y de una Cultura Mundial. Lo concreto es que por alguna razón se tiene la convicción que el orden mundial moderno vive los últimos estertores antes del cumplimiento de un ciclo cósmico gigantesco, nunca antes vivido por la humanidad. Una renovación antes del nacimiento de una Cultura Mundial que podría estar vigente durante los próximos milenios en el viaje de la Tierra por el Universo. Para la astronomía maya el evento de 2012 se considera un proceso natural y es la base de una poderosa corriente cultural que se ha difundido ampliamente en el mundo intelectual de Sudamérica.
EL ORDEN DEL IMPERIO INCA
Cada cultura de la Tierra ha sido la expresión de diferentes procesos de adaptación al entorno, unas, han enfatizado el dominio de la guerra y la fuerza de las armas, otras, en cambio, han buscado acentuar la comunión y la armonía con los ritmos de la naturaleza. Precisamente, este fue un rasgo distintivo de las culturas amerindias, un orden que encontró en el Imperio Inca una de sus principales expresiones. Los incas eran en realidad mucho más pacíficos de lo que la historia ha querido mostrar, cultivaban un lazo personal de comprensión de las sutiles energías del entorno, un enfoque de adaptación a los ritmos de la Tierra como pocas veces se había visto en el desarrollo de las grandes culturas. Ciertamente la guerra estaba presente en la civilización, pero jamás llegó a los paroxismos encontrados en el hemisferio norte.
El Imperio Inca fue el resultado de la fusión de tres culturas precolombinas americanas, a saber: la cultura Tiahuanaco, de la región del lago Titicaca de Bolivia; la cultura Nazca, de la zona meridional del Perú; y, la cultura Moche o Mochica, de la costa septentrional del mismo país. Las monumentales ruinas de Machu Pichu, Sacsayhuamán, Ollataytambo y Tipón, entre otras, producto del trabajo mancomunado de ingenieros, arquitectos, sacerdotes, astrónomos y obreros, son claros vestigios de una civilización que buscó plasmar en su arquitectura un orden cosmogónico de comunión entre el hombre y la Tierra, concretamente, amarradas a los ciclos del Sol y a los ritmos estacionales del año.
¿De dónde provino este orden de los incas? ¿En qué momento se gestó el encuentro dialogante entre el hombre y la naturaleza? ¿Por qué hicieron de la armonía con la flora y la fauna una forma de vida social? ¿Es en verdad éste un rasgo profundo?
Cuando se intenta responder a estas preguntas de fondo, es decir, buscar el origen de una línea cultural tan lejana y penetrante, como suele suceder, el mito y la realidad se mezclan en la explicación popular, esto es, la acción sagrada en el pasado se encuentra inexplicablemente latente en las creencias religiosas del presente. La respuesta proviene de tiempos ancestrales, cuando las divinidades del panteón inca se relacionaban personalmente con los hombres, les hablaban y civilizaban sus vidas. Con el transcurso de las épocas, aquellos relatos transmitidos oralmente de generación en generación, adquirieron matices épicos que pasaron a formar parte de la fe, prácticamente indestructible, de los incas modernos.
Dentro de este contexto se descubre el mito del dios Cuniraya Viracocha, que de alguna manera resume el sentido ecológico de los incas. Según la tradición, fue este dios el que sacralizó a los animales que vivían en la geografía del Perú, determinando su relación con los hombres y el culto que la sociedad debía rendirles en su vida cotidiana y en los rituales. La leyenda narra que un día el dios Cuniraya Viracocha debió salir en búsqueda de la madre de su único hijo, la diosa Cahuillaca, quien no lo aceptaba como padre por haberse vestido sucio y miserable durante mucho tiempo, aunque después se mostrara rico y bien vestido. En el desesperado camino por alcanzarla se fue encontrando con diferentes animales que lo guiaban hacia ella, fuente de su amor. Unos le hablaban con esperanzas, otros con espejismos. A los primeros el dios los premió y los bendijo. A los otros los maldijo y despreció. Y aunque el dios nunca pudo alcanzar a su amada diosa Cahuillaca, quien por su soberbia se convirtió en roca en la soledad del mar, el mito sirve para explicar la relación de los incas con la naturaleza como una búsqueda eterna del dios Cuniraya Viracocha por el mismo amor.
En el caso del puma, por ejemplo, Cuniraya Viracocha lo bendijo por haberlo bien encaminado hacia su amada mujer, y le dijo:”Serás respetado y temido por todos, y tu deber será castigar y juzgar a los delincuentes. Podrás comerte las llamas de los pecadores y te respetarán aun después de muerto. Cuando los hombres te maten y te quiten la piel, no quitarán la piel de la cabeza y te pondrán ojos en las cuencas para que parezcas vivo. Tus pies y tu cola quedarán colgados de la piel y aquellos que te maten deben llevar tu cabeza sobre la suya y cubrirse con tu pellejo en las fiestas principales para que seas venerado. Además, aquél que se adorne con tu piel deberá sacrificar una llama y cantará y bailará con ella sobre su espalda”. Desde entonces, se dice, que los incas asumieron el culto del puma como expresión de la identidad grupal y la protección a su naturaleza sagrada.
En el caso del cóndor, como premio, Cuniraya Viracocha le dijo: “Vivirás eternamente y volarás adonde quieras, a través de desiertos y valles. Tu vista penetrará las barrancas y te permitirá tener tu nido donde nadie pueda molestarte. Te alimentarás de la carne corrompida que encuentres, de guanacos, llamas y corderos, y si esos animales estuvieran vivos, los podrás matar y comértelos. Pero aquel que te mate a ti, morirá”. Desde entonces, el cóndor gozó de plena libertad para cazar animales, ser respetado y venerado por toda la comunidad, ya que el dios estableció la prohibición de cazarlos bajo pena de muerte.
El mito del dios Cuniraya Viracocha sirve para explicar el origen sagrado que estos animales tienen en las ideas religiosas de los incas. El cóndor, como símbolo de la majestuosidad de la naturaleza, el puma, representado la agilidad, la fiereza y la fuerza del guerrero, que en los rituales adquiría su espíritu vistiéndose con su piel. Quizá este legado de los incas sirva como una visión regeneradora del diálogo del hombre y la naturaleza, esencial en la actualidad ante el creciente deterioro del medioambiente producido por la acción contaminadora del hombre contemporáneo. Pero en lo más profundo, el sentido de este relato mítico cosmogónico no fue otro que valorar el amor divino como fuente generadora de la naturaleza.
EL VALOR DEL ALMA MAPUCHE
Se puede decir que la historia de Chile principió con Diego de Almagro (1479-1538) en 1536, cuya expedición exploró el territorio hasta el río Maule y regresó al Perú sin fundar ninguna ciudad ni establecimiento permanente. Cuatro años después, en 1540, Pedro de Valdivia (1500-1553) regresó al mando de una nueva expedición que tuvo más fortuna. Venía como lugarteniente de Francisco Pizarro (1478-1541), quien tenía la capitulación del rey para descubrir y poblar los territorios situados al sur del Perú si Almagro desistía de la empresa. Apenas Valdivia llegó al Valle de Copiapó, tomó posesión del territorio que se extendía desde allí hasta el sur sin mayores dificultades, ya que los indios del norte de Chile eran más dóciles que los del sur. De esta forma se inició la incorporación de Chile a la Corona de Castilla y, de paso, el mestizaje entre los españoles y los indígenas. Valdivia continuó su camino hacia el Valle Central donde fundó la ciudad de Santiago el 12 de febrero de 1541, el primer asentamiento permanente de los europeos en el territorio actual de Chile. Precisamente, durante esos primeros años de campaña se empezó a llamar a las nuevas regiones descubiertas, donde a la llegada de los españoles habrían habitado en total un millón de indígenas, con el nombre de Chile, que en lengua aymará significa “donde se acaba la tierra”.
En 1541, a la muerte de Francisco Pizarro en Perú, un cabildo abierto realizado en Santiago eligió a Pedro de Valdivia gobernador y capitán general de Chile en nombre del rey. Así, el país pasó a ser una gobernación y una capitanía general distinta del virreinato del Perú, pero dependiente de éste económicamente. En 1548 Valdivia fue confirmado en sus cargos por el licenciado La Gasca, presidente de la Audiencia de Lima, en uso especial de sus facultades conferidas por el monarca. Ese mismo año también se trazaron los primeros límites de Chile y, podría decirse, que el país comenzaba en Copiapó por el norte, terminaba en Concepción por el sur y, por el este, se adentraba bastante en la pampa al otro lado de la Cordillera de los Andes.
Las campañas de conquista de Chile comandadas por Pedro de Valdivia a partir de 1550 y que continuaron con las masacres de aborígenes en América, dieron pie al primer alzamiento general de indígenas en donde participaron las tribus de casi todo el territorio. El resultado de la sublevación fue la muerte de Valdivia por los fieros mapuches en Tucapel en 1553. Según cuentan las crónicas, en un acto de justicia, el “joven libertador” Lautaro (1535-1557) le dio un mazazo mortal en la cabeza después de tres días de torturas que incluyeron la amputación de sus miembros; luego, su cráneo fue usado para beber chicha y en 1608 devuelto a los españoles por Pelantaro a modo de gesto de paz. A duras penas los españoles pudieron controlar este primer alzamiento, al grado que la pacificación sólo fue definitiva desde el valle de Copiapó hasta el río Ñuble. En contra de todos los planes españoles, la conquista y evangelización del sur de Chile estaba lejos de completarse.
Sucedió que en Chile los indígenas eran mucho más valientes, rudos e incultos que en el resto de América, especialmente los mapuches o “gente de la tierra”. Si bien éstos tenían un lenguaje común –el mapudungún– y un sensible concepto religioso –que concebía como una misma unidad el Cosmos, el Hombre y la Tierra–, así como estudios astronómicos incipientes, no poseían el concepto de Estado que traía el ejército español, ni una arquitectura, ni escritura, ni ciencias avanzadas. Tampoco conocían la lectura, por lo que no habían logrado evolucionar del estado de una cultura al de una civilización, o sea, no habían alcanzado un desarrollo material superior como los Mayas y los Incas. No obstante, de todos los indígenas americanos los mapuches fueron considerados los más indómitos y fieros. En efecto, durante muchos siglos el poderoso Imperio Inca no había logrado extenderse exitosamente más allá del río Maule; en su máxima expansión llegaron hasta el Bío-Bío a mediados del siglo XV, frontera natural con los mapuches, quienes no sólo les impidieron el paso, sino que los obligaron a replegarse hasta el río Itata –unos 90 kilómetros más al norte del Maule– después de una encarnizada persecución y lucha. Del mismo modo, a los españoles tampoco les fue fácil su incursión en los territorios del sur de Chile. La heroica Guerra de Arauco que los enfrentó contra los mapuches y sus aliados huilliches, picunches y cuncos, pueblos que habitaban desde el Bío-Bío hasta el seno de Reloncaví, constituye el más prolongado conflicto bélico de toda la historia de la humanidad, donde alrededor de 40 mil españoles murieron en un lapso de 300 años de guerra, hostilidades y transitorias treguas. La Guerra de Arauco sólo es comparable a la resistencia de 400 años de los habitantes de Madagascar contra las invasiones inglesas, francesas y portuguesas.
Los mapuches estaban muy divididos geográficamente en poblaciones y tribus que se esparcían y diseminaban por inexplorados territorios e intrincados lugares, por lo que al ejército español le fue muy difícil combatir contra ellos. Tácticamente la consecuencia fue que los conquistadores tenían que dividir la línea de ataque de su ejército para enfrentar a las tribus en terreno intrincado, por lo que el principio militar de apoyo mutuo del frente de ataque no operó, significando una sangrienta derrota de las fuerzas españolas a causa de la separación de sus líneas. Como contrapartida las tribus que vivían al sur de río Bío-Bío comenzaron a formar alianzas contra el enemigo común, un hecho que desencadenaría una resistencia de proporciones épicas, una especie de guerra de guerrillas donde los mapuches fueron los triunfadores.
El gran toqui mapuche, Pelantaro, dio muerte a un segundo gobernador español, Martín García Óñez de Loyola (1549-1598), en lo que se conoce como la leyenda del Desastre de Curalaba, donde unos doscientos españoles perecieron en manos de los mapuches el 21 de diciembre de 1598. Este audaz triunfo provocó el segundo alzamiento general de los indígenas de Chile, cuya devastadora consecuencia fue la destrucción de las siete ciudades más importantes fundadas por los españoles al sur del Bío-Bío: Arauco, Santa Cruz, Angol, La Imperia, Villarrica, Valdivia y Osorno, quedaron en llamas y fueron abandonadas. Chillán fue atacada el día 9 de octubre de 1599 resultando muertos cuatro españoles y capturados una treintena de mujeres y niños. Puede decirse que el Desastre de Curalaba encendió aún más la Guerra de Arauco con una fuerza incontenible en toda la región.
Durante esta etapa del conflicto los mapuches fortalecieron su alianza con los huilliches, formando una fuerza coherente que atacó en forma metódica los asentamientos hispanos. También se apuntan casos de españoles pasándose al bando indígena para ir a ofrecerse como esclavos. El mismo rey Felipe II (1527-1598) acusó el recibo de las malas noticias llegadas del fin del mundo –según la tradición– con las siguientes palabras: “En Chile están matando a los mejores de mis guzmanes”. Para entonces el panorama era mucho más grave y poco alentador que en los tiempos de Valdivia, por lo que la monarquía ordenó la creación de un ejército criollo como la única alternativa para acabar con la resistencia mapuche. Precisamente, esa voluntad emanada del rey fue la que dio nacimiento al ejército chileno. En efecto, España comisionó en 1603 al destacado militar andaluz, Alonso de Ribera (1560-1617), para organizar un ejército no separatista, profesional y organizado, capaz de frenar la crisis militar en Chile. «Certifico a Vuestra Majestad –escribe de Ribera al rey Felipe III, el 16 de marzo de 1607– que los soldados españoles son más bárbaros que los propios indios, que ha sido un milagro de Dios, conforme a su proceder en la guerra y en la paz, que no los hayan echado de la tierra y degollado muchos años antes». Fue de Ribera quien observó que el gran error estratégico de los españoles era la fragmentación de las fuerzas para atacar a los mapuches, un error que dejaba al frente de combate sin ningún tipo de apoyo mutuo y, en consecuencia, vulnerable a los indígenas que conocían y se movían mejor en la geografía.
El desenlace es por todos conocidos. El pueblo chileno surgió de una asimilación entre el pueblo español y los pueblos indígenas de nuestro territorio, en especial, destaca en este proceso el Alma Mapuche como un ejemplo de valor a toda prueba, principio constitutivo de la unidad de Chile.
Después de cinco siglos de una ininterrumpida asimilación de conocimientos foráneos, mestizajes e inmigraciones de los más variados tipos, Sudamérica entra en el momento señalada por el destino para el rescate cultural del rico aporte amerindio. Quien conoce bien a los pueblos del continente sabe que se mantiene latente ese pulsar del corazón llamado a despertar las raíces de los antepasados, las sagradas creencias y sabidurías ancestrales que prácticamente habían sido olvidadas durante los últimos 500 años. Espero que aquellos constructores de sociedad estén de acuerdo con el espíritu de este ensayo.
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1 Desde sus orígenes en 1840 el término imperialismo se ha aceptado como “hijo de la industrialización” y es perfectamente aplicable a los Estados Unidos de Norteamérica, que ya a finales del siglo XIX habían logrado ser la economía más avanzada del mundo.
2 El carácter es el modo habitual de ser de una persona, grupo social, pueblo o raza.
3 Los fuentes orales fueron: Manuel Contreras, ex Director de la DINA y general del Ejército de Chile; Marcos Aburto, ex Presidente de la Corte Suprema durante el fallo; abogada Fabiola Letelier, hermana del ex Canciller y parte querellante; Juan Pablo Letelier, diputado e hijo del ex Canciller Orlando Letelier; abogado Humberto Neumann, defensor del Director de la DINA; Sr. Ricardo Lagos, ex Presidente de la República; Andrés Zaldívar, ex Presidente del Senado de la República y ex Ministro del Interior; Volodia Teitelboim, Premio Nacional de Literatura; y, Ronald Mac Intyre, ex senador, almirante y ex agregado militar naval durante el atentado de Letelier en Washington.
4 Ambos cumplieron la condena de presidio de 7 y 6 años, respectivamente.
5 La policía secreta venezolana fue creada por la CIA a petición del Presidente Carlos Andrés Pérez, quien posteriormente fue sometido a proceso por denuncias de corrupción. Sus primeros jefes en 1976 fueron dos cubanos, agentes de la CIA, Orlando García Vásquez –actualmente prófugo de la justicia venezolana por una supuesta estafa a las Fuerzas Armadas– y Rolando Rivas Vásquez, acusado de corrupción junto a su mujer, María Rivas Vásquez, por manejar la empresa FARNAC de supuestas operaciones clandestinas, destinada a eliminar a líderes del Frente Farabundo Martí en El Salvador. García y Rivas declararon en contra del general Manuel Contreras en el Gran Jurado de Washington.
6 La defensa de los militares reclamó que este documento de la CIA fue ignorado por la justicia chilena. Esos documentos están en el expediente y han sido conocidos públicamente. En 1995 la cadena internacional de noticias NBC exhibió el citado archivo sin que ninguna institución negara la validez de su contenido.
7 En números correspondientes a los años 1978, 1979 y 1980 de la revista ZETA, editada en Venezuela, aparecen entrevistas a cuatro personas que estuvieron en BONAO. En sus testimonios se habla de acciones contra Chile y Cuba, además de la presencia de agentes de la CIA.
8 Ref. Consejo Superior de Educación 2007.
9 Ranking China-2007. Los cinco indicadores son: Premios Nobel por alumnos y facultades; investigaciones altamente citadas internacionalmente; performance académica en relación al tamaño de una institución; número de citas en Social Science y Nature and Science; investigadores y doctores por facultad e institución. Véase: http://ed.sjtu.edu.cn/rank/2007/ARWU2007.xls
10 Las excepciones son: Universidad de Chile (658 proyectos de investigación en ejecución), Universidad Católica de Chile (498), Universidad de Concepción (247), Universidad de Santiago (181), Universidad Federico Santa María (56), Universidad Austral, Universidad de los Andes (16), Universidad Andrés Bello (10), entre las principales. Sin embargo, tampoco los resultados están a la altura de las expectativas si se considera el indicador de inscripción en el registro de patentes.







